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El inicio de 2026 ha consolidado un fenómeno económico alarmante en Argentina: el "sueldo cero". La combinación de una quita agresiva de subsidios a la energía y un endeudamiento estructural para consumos básicos ha generado un cuello de botella financiero donde millones de trabajadores ven desaparecer sus ingresos apenas ingresan a sus cuentas, absorbidos por compromisos financieros y tarifas.

1. El récord de la morosidad: un sistema bajo presión

Por primera vez en 15 años, la irregularidad en los pagos ha alcanzado niveles críticos. Según datos procesados por la consultora Eco Go sobre registros del Banco Central, la morosidad bancaria escaló al 7,8%, una cifra que no se veía desde la estandarización de las estadísticas en la década pasada.

Sin embargo, el dato más crudo aparece en el sector no bancario (fintechs, tarjetas de comercios y financieras), donde la morosidad supera el 20%. Esto indica que los sectores de menores ingresos, o aquellos ya excluidos del sistema bancario tradicional, están recurriendo a créditos con tasas usurarias para costear necesidades elementales como la alimentación y los medicamentos.

2. El peso de las tarifas y el fin del alivio estatal

Desde enero de 2026, la eliminación de subvenciones al gas y la electricidad impactó en 7,5 millones de hogares, profundizando una tendencia de cuatro años. En este período, el peso de los servicios públicos sobre el salario privado registrado saltó del 4,8% a casi el 9%.

Aunque desde consultoras como Empiria señalan que, gracias al desarrollo de Vaca Muerta, los costos locales de producción de energía han bajado —evitando que el impacto sea aún mayor—, la realidad en la calle es distinta. Para muchos usuarios, las facturas llegan con incrementos que obligan a elegir entre pagar la luz o saldar la tarjeta.

3. Historias de asfixia: entre "changas" y pagos mínimos

El rostro humano de esta crisis se refleja en los sectores que quedan fuera de las paritarias. Casos como el de Cecilia, una madre de la Capital Federal que debe recurrir a la informalidad para cuidar a su hijo con discapacidad mientras acumula deudas de ABL y agua, o Flavia, una empleada de comercio que cobra un millón de pesos pero ya no puede cubrir ni el pago mínimo de sus plásticos, demuestran que tener un empleo formal ya no garantiza estabilidad.

La falta de créditos blandos (como los antiguos préstamos de ANSES) ha empujado a los jubilados y sectores vulnerables hacia el circuito informal de préstamos. Según Defensa de Usuarios y Consumidores (Deuco), este "sobreendeudamiento usurario" es hoy moneda corriente en los barrios populares, donde se toma deuda para tapar deudas anteriores.

4. Perspectivas 2026: ¿Alivio o mayor deterioro?

El arco de economistas se divide respecto al futuro inmediato:

·Optimismo moderado: Algunos analistas prevén que si la inflación desciende paulatinamente, los ingresos reales podrían recuperar algo de aire hacia finales de año debido al rezago de las fórmulas de actualización.

·Pesimismo estructural: Sectores vinculados a la industria y el comercio advierten que la desinflación se está logrando a costa de "reprimir" los ingresos. La precariedad laboral, sumada a la proyectada flexibilización de las paritarias (ahora por empresa y no por sector), amenaza con debilitar aún más el poder de negociación de los trabajadores.

5. El riesgo de un conflicto social

Voces vinculadas al desarrollo social advierten que el endeudamiento de las familias es una "bomba de tiempo". Sin políticas claras de desendeudamiento y con un costo de vida que sigue presionando sobre los alimentos y los remedios, el riesgo de un desborde social crece. Las pymes, principales empleadoras del país, también sufren: si el consumidor no tiene "ingreso disponible" tras pagar sus deudas, el consumo interno se desploma, cerrando un círculo vicioso de recesión y mora.