El receso familiar suele ser sinónimo de descanso, pero para los más pequeños, la interrupción de la rutina puede disparar cuadros de inseguridad o nerviosismo. La psicopedagoga Amira Greco explica que el éxito de un viaje familiar no depende del destino, sino del soporte emocional que los adultos brindan frente a lo desconocido.
El "Efecto Espejo": la calma empieza en los padres
Uno de los pilares del bienestar infantil es la actitud de los cuidadores. Los niños tienden a espejar las reacciones de los adultos: si los padres manifiestan estrés por el equipaje o los horarios, los hijos interpretarán el viaje como una situación de peligro. Mantener una postura serena es la primera herramienta de contención.
Estrategias de anticipación y herramientas visuales
La incertidumbre es el principal combustible de la ansiedad. Para mitigarla, se recomienda:
·Cronogramas visuales: Para niños pequeños, usar fotos o dibujos del transporte, el hotel y las actividades previstas. Esto convierte lo abstracto en algo tangible y previsible.
·Relato detallado: Explicar previamente la duración del trayecto y las características del lugar de destino para que el niño pueda construir una representación mental de la experiencia.
El juego y el arte como canales de descarga
Cuando las palabras no alcanzan para expresar el miedo (por ejemplo, al avión o al mar), existen otras vías de comunicación:
·Dramatización: Jugar a "viajar" antes de salir de casa permite procesar la experiencia de forma lúdica.
·Expresión plástica: El dibujo es una herramienta diagnóstica y terapéutica donde el niño vuelca sus temores.
·Registro personal: Fomentar la escritura de diarios o bitácoras ayuda a organizar los sentimientos y vivencias durante el trayecto.
¿Cuándo el malestar requiere atención profesional?
A veces, la ansiedad no se manifiesta con palabras, sino a través del cuerpo. La especialista advierte que síntomas físicos como dolores recurrentes, llanto incontrolable o cambios bruscos en la conducta no deben ser ignorados ni castigados.
"El síntoma es un mensaje", señala Greco. Si las manifestaciones físicas persisten, es fundamental realizar una consulta profesional para entender qué conflicto subyacente está expresando el niño a través de esa angustia ante el viaje.
En definitiva, la clave reside en la disponibilidad afectiva. Un adulto presente y tranquilo es el mejor antídoto contra el miedo a lo nuevo.
