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Un estudio internacional pionero ha revelado que la Antártida, el desierto helado más grande del planeta, registra una concentración excepcionalmente baja de núcleos de hielo atmosféricos. Este hallazgo, basado en las primeras mediciones directas a largo plazo, es crucial para refinar los modelos climáticos y entender mejor la formación de nubes en el Hemisferio Sur.


Un equipo de investigación liderado por el Instituto Leibniz de Investigación Troposférica (TROPOS) detectó que la atmósfera sobre las vastas extensiones de hielo antártico contiene la cantidad más baja de núcleos de hielo (INP, por sus siglas en inglés) jamás documentada en el planeta. Estos núcleos son partículas microscópicas que actúan como catalizadores esenciales para la formación de cristales de hielo dentro de las nubes.

El estudio, publicado en Geophysical Research Letters, utilizó datos recolectados en tres estaciones diferentes del continente: Neumayer III (Alemania), Princess Elisabeth (Bélgica) y Juan Carlos I (España, en Isla Livingston).

Metodología de medición directa

La serie de datos recopilados (entre 2019 y 2022) representa el primer conjunto extenso de mediciones directas de núcleos de hielo en la Antártida, incluyendo información valiosa obtenida durante el poco documentado invierno austral.

Los científicos emplearon una metodología estandarizada que incluyó:

·Recolección: Captura de partículas de aerosol atmosférico mediante filtros, que fueron almacenados y transportados al laboratorio de TROPOS en Leipzig.

·Análisis: Uso de dispositivos especializados, como el LINA (Leipzig Ice Nucleation Array) e INDA (Ice Nucleation Droplet Array), para la identificación y recuento óptico de los

INP a diferentes temperaturas.

Implicaciones para las nubes y el clima global

Las mediciones confirmaron que, si bien la Península Antártica mostró concentraciones comparables a las del Océano Austral, las estaciones ubicadas sobre el hielo continental (Neumayer III y Princess Elisabeth) exhibieron los niveles más bajos jamás registrados.

La escasez de INP en la atmósfera antártica tiene profundas implicaciones para la formación de nubes:

·Agua Superenfriada: Sin estas partículas, las gotas de agua en las nubes solo se congelan por debajo de $-38^\circ\text{C}$. La baja presencia de núcleos favorece la existencia de nubes con una alta proporción de gotas de agua superenfriada.

·Reflexión de la Luz: Las nubes ricas en agua superenfriada reflejan la luz solar de manera distinta a las nubes con alto contenido de hielo. Los investigadores sugieren que esta particularidad podría ser un factor que contribuye a que el Hemisferio Sur experimente un calentamiento menor que el Hemisferio Norte.

Avance en la modelización climática

La incertidumbre de las nubes sigue siendo uno de los mayores desafíos en la modelización del clima global. La Dra. Silvia Henning, de TROPOS, destacó que los resultados son fundamentales para mejorar la comprensión de estos procesos y, por ende, los modelos climáticos.

A partir de los datos de Neumayer III, el equipo incluso pudo desarrollar una parametrización que permite predecir la presencia de INP en la estación Princess Elisabeth, un avance tangible para la precisión de la modelización en esa parte del continente.

De cara al futuro, los científicos advierten que el retroceso de los glaciares y la eventual exposición de nuevas áreas terrestres a la vegetación podrían, paradójicamente, aumentar la concentración de INP. Por ello, la investigación considera prioritario establecer el estado actual de estos parámetros para anticipar los efectos del cambio ambiental venidero.