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Por: Mario Flores Monje
Fliar de caídos en Malvinas
Neuquén

Las fechas no solo marcan el paso del tiempo; también cuentan nuestra historia. El 2 de abril es mucho más que un día en el calendario: es el reflejo de cómo ha cambiado nuestra manera de recordar y comprender la Causa Malvinas. Desde 1983 hasta hoy, su significado ha evolucionado, pasando de la reafirmación de la soberanía al homenaje a los veteranos y la lucha contra el olvido. ¿Cómo y por qué se transformó esta conmemoración? La respuesta nos ayuda a entender no solo el pasado, sino también el presente de una causa que sigue vigente.

En 1983, la dictadura estableció por decreto-ley el 2 de abril como el "Día de las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur" y lo declaró feriado nacional, resaltando el reclamo territorial. Con el regreso de la democracia, en 1984, el Decreto Nº 901 trasladó el feriado al 10 de junio, unificándolo con el "Día de la Afirmación de los Derechos Argentinos sobre las Malvinas, Islas y Sector Antártico", instituido en 1973. Este cambio desactivó el 2 de abril y reforzó una perspectiva jurídica y diplomática sobre la cuestión.

En el año 2000, la Ley 25.370 restituyó el 2 de abril como feriado con un nuevo enfoque: pasó a llamarse "Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas". Así, el eje conmemorativo se trasladó de la soberanía territorial al reconocimiento de quienes combatieron. Mientras que el 10 de junio mantuvo su carácter institucional, el 2 de abril incorporó una dimensión humana y memorialista, poniendo en valor el sacrificio de los veteranos.

Estos cambios no fueron casuales, sino reflejo de la evolución política y social del país. Tras la guerra, la transición democrática trajo consigo un proceso de "desmalvinización", que buscó clausurar el conflicto bélico y, por extensión, la dictadura que lo impulsó. Hasta no hace mucho tiempo se creyó que la mejor manera de evitar nuevas dictaduras era silenciar a los veteranos de guerra, como si fueran los responsables del desenlace y como si la Cuestión Malvinas se redujera únicamente al conflicto bélico.

Sin embargo, la historia demuestra que la Causa Malvinas no empieza ni termina en 1982. Ya en 1973, la Ley 20.561 había establecido el 10 de junio como el día para reafirmar los derechos argentinos sobre las islas, en conmemoración del decreto de 1829 que creó la Comandancia Política y Militar en el territorio. Esto deja en claro que el reclamo argentino se fundamenta en una continuidad histórica, jurídica y política que antecede y trasciende la guerra.

En el ámbito provincial, Neuquén fue pionera en 1984 al sancionar la Ley 1534, que declaró el 2 de abril como el "Día de la Gesta de Recuperación de las Islas Malvinas". En aquel entonces, casi nadie hablaba oficialmente de “gesta”. Tres décadas después, en 2014, reafirmó su compromiso con la memoria al instituir, mediante la Ley 2907, el 2 de mayo como el "Día de los Tripulantes del Crucero A.R.A. General Belgrano".

¿Por qué no unificar todas las conmemoraciones de Malvinas en una sola fecha? Porque cada efeméride cumple una función específica e irremplazable dentro de la memoria colectiva. El 2 de abril honra a los veteranos y caídos, el 2 de mayo recuerda a los tripulantes del A.R.A. General Belgrano, y el 10 de junio reafirma el reclamo soberano sobre las islas. Agruparlas en un solo día diluiría su significado y simplificaría en exceso una historia compleja, donde no solo está en juego la soberanía, sino también el reconocimiento a quienes combatieron.

Durante años, muchos excombatientes fueron invisibilizados, tratados más como "material bélico" que como seres humanos. Distinguir su memoria con un día propio no solo repara una deuda histórica, sino que también subraya que lo importante no es únicamente el desenlace de la guerra, sino el sacrificio humano que implicó. Malvinas no es solo una cuestión territorial: es también la historia de quienes lucharon, sufrieron y dejaron su vida. Mantener cada fecha es una forma de hacer justicia y de recordar que la Causa Malvinas sigue viva.

Lejos de ser un tema del pasado, Malvinas sigue siendo una deuda histórica y un mandato presente. La evolución de sus efemérides refleja cómo la narrativa oficial ha oscilado entre la reivindicación territorial, la memoria de los combatientes y el repliegue simbólico. Sin embargo, el reclamo soberano persiste y trasciende cualquier cambio de nombre: es una afirmación de nuestra identidad y un recordatorio de que la Cuestión Malvinas sigue abierta.

No dejemos que el olvido gane la batalla.