Lo que el discurso oficial calificó como "inviable", el mercado internacional comienza a demandar como oro en polvo. El proyecto CAREM-25, el primer reactor nuclear modular (SMR) diseñado íntegramente en Argentina, atraviesa una situación insólita: mientras su desarrollo nacional se congela por falta de presupuesto, sus componentes críticos se posicionan como un negocio de exportación de alto valor.
El desguace de un hito tecnológico
El reactor, una pieza de ingeniería de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) con más de 40 años de evolución, ha sido "recalibrado" por la actual gestión bajo argumentos económicos. Sin embargo, la empresa IMPSA —recientemente privatizada y ahora bajo control del consorcio estadounidense Industrial Acquisition Fund (IAF)— avanza en la fabricación de piezas fundamentales, como la vasija de presión, para su venta al exterior.
Este movimiento ha generado una fuerte alarma en el sector científico. Expertos denuncian que se está produciendo un "desmantelamiento estratégico":
·Fragmentación del valor: Se compara la situación con desarmar un satélite para vender sus piezas por separado, perdiendo la integridad del proyecto soberano.
·Transferencia de conocimiento: El know-how desarrollado durante décadas por el Estado argentino estaría quedando en manos privadas extranjeras.
·Pérdida de la curva de aprendizaje: Argentina financió la etapa más costosa del desarrollo (investigación y pruebas) y ahora, en la etapa de capitalización, el proyecto se fragmenta.
¿Inviable o codiciado?
La contradicción es estructural. Si el reactor "no servía", resulta inexplicable el creciente interés global por sus partes modulares. La demanda internacional por la tecnología del CAREM funciona, en los hechos, como una validación técnica que contradice el argumento de la inviabilidad económica.
Desde la CNEA advierten que el acuerdo con IMPSA podría vulnerar la confidencialidad tecnológica. La disputa de fondo ya no es solo presupuestaria, sino de soberanía: definir si el país consolidará una tecnología de punta propia o si se limitará a ser un proveedor de insumos en una cadena global donde el valor agregado lo capturan otros actores.
El riesgo de ser "proveedores de partes"
Científicos vinculados al proyecto sostienen que se está "regalando" el resultado de una inversión histórica. El temor es que Argentina termine cediendo el control de una de las pocas tecnologías que la posicionan en un selecto club de naciones nucleares, transformando un logro de ingeniería nacional en un simple catálogo de productos exportables para empresas privadas.
