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Tras una serie de reveses en el plano judicial, la Confederación General del Trabajo (CGT) ha decidido dar un giro en su estrategia de resistencia. Ante la imposibilidad de frenar la reforma laboral de Javier Milei en los tribunales, la central obrera lanzará su propio observatorio de estadísticas socioeconómicas, una herramienta técnica con la que busca disputar la veracidad de los indicadores oficiales y fortalecer su posición en las mesas de negociación.

Una alianza académica para auditar la realidad

El proyecto, que será oficializado en los próximos días, contará con el respaldo metodológico de la Universidad de Buenos Aires (UBA). A través de un convenio de asistencia técnica, especialistas universitarios y asesores sindicales elaborarán informes mensuales que funcionarán como un termómetro alternativo de la crisis.

El observatorio se centrará en cuatro ejes fundamentales:

·Inflación: Un índice de precios propio para contrastar con el INDEC.

·Canasta Básica: Mediciones específicas sobre el costo de vida para los sectores trabajadores.

·Empleo: Relevamiento de suspensiones y despidos en los distintos cordones industriales.

·Actividad económica: Indicadores de consumo y producción por sector.

El frente judicial y la interna sindical

Esta decisión técnica surge mientras la ofensiva legal de la CGT en el fuero Contencioso Administrativo parece haber agotado sus instancias tras sucesivos rechazos. No obstante, la estrategia judicial se ha trasladado al fuero laboral, donde la UEJN busca impugnar 64 artículos de la nueva legislación que, según denuncian, vulneran derechos constitucionales colectivos.

En paralelo, la conducción de la calle Azopardo enfrenta un desafío de representatividad. El Frente de Sindicatos Unidos (FRESU), con un perfil más combativo, también ha comenzado a generar sus propias mediciones, lo que obliga a la conducción cegetista a acelerar sus tiempos para no perder el control de la agenda del movimiento obrero.
Paritarias y el "fantasma" de los 90

El objetivo político de estos números es claro: llegar a las próximas discusiones paritarias con argumentos técnicos sólidos. La dirigencia sindical observa con preocupación la intención oficial de que los aumentos salariales se ubiquen por debajo de la inflación y tengan una vigencia superior a los tres meses.

Sin embargo, los líderes gremiales admiten un fenómeno social inesperado: el malestar de una parte de los trabajadores aún se dirige hacia la gestión anterior, lo que, sumado al temor por perder el empleo, mantiene los niveles de conflictividad en índices más bajos de lo esperado frente a la magnitud de la recesión.

Horizonte 2027

Con la mirada puesta en el mediano plazo, la CGT traza un paralelismo con la década de 1990, apostando a que el deterioro del mercado laboral terminará por erosionar el respaldo político de la actual administración. En ese escenario, la central no solo busca resistir en las fábricas y oficinas, sino también constituirse en un actor central para la construcción de una alternativa electoral de cara a las presidenciales de 2027, aunque las fracturas internas siguen siendo el principal escollo para unificar una propuesta política sólida.