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Mientras el Congreso de la Nación se prepara para tratar la modificación de la Ley 26.639, el debate técnico y ambiental vuelve a poner el foco en un dato irrefutable: la Argentina custodia una de las reservas hídricas más estratégicas del planeta. La intención del Ejecutivo de redefinir la protección del ambiente periglacial busca despejar el camino para proyectos de megaminería e hidrocarburos, pero a un costo que los científicos consideran irreversible. (Mapa gentileza:xataka.com.ar)

ImagenEl tesoro del agua dulce en cifras

Para entender la magnitud de la resistencia ambientalista, es necesario mirar la fragilidad de nuestros recursos hídricos:

·Escasez global: Solo el 2,5% del agua en todo el planeta es dulce y apta para el consumo humano.

·El rol de los hielos: De ese mínimo porcentaje, los glaciares representan aproximadamente el 75%.

·Reserva estratégica: Argentina es uno de los países con mayor diversidad de geoformas periglaciares, funcionando como "tanques de agua" naturales que regulan el caudal de los ríos, especialmente en épocas de sequía.

El nudo de la controversia: el ambiente periglacial

La reforma actual no solo apunta a los glaciares visibles (los grandes cuerpos de hielo), sino al ambiente periglacial. Este entorno, que incluye suelos congelados y glaciares de escombros, es fundamental para el ciclo del agua en las zonas áridas de la cordillera.

La modificación propuesta permitiría la actividad extractiva en estas áreas, bajo el argumento de que no todos estos cuerpos de hielo cumplen una función hídrica "relevante". Para los sectores ambientalistas, esta distinción es una trampa legal que pone en riesgo la seguridad hídrica de las futuras generaciones.

"No se trata solo de paisajes, se trata de la garantía de agua para el consumo, la agricultura y la vida en toda la región andina", señalan desde las organizaciones que hoy se manifiestan frente al Congreso.