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A dos años del inicio de la gestión de Javier Milei, la Argentina presenta una configuración social inédita. Mientras el país atraviesa un proceso de "latinoamericanización" —con una clase media que ve licuarse sus ingresos históricos—, el Gobierno ha construido un dique de contención financiero que desafía su propio discurso contra la intervención estatal: los subsidios directos a la niñez.

El relato oficial suele insistir en el recorte del gasto público y el fin de la intermediación, pero la realidad de las partidas sociales cuenta otra historia. Lejos de desaparecer, la asistencia estatal se ha consolidado como el único ingreso en Argentina que le ha ganado la carrera a la inflación de forma sostenida entre 2024 y 2026.

Los datos son contundentes. La Asignación Universal por Hijo (AUH) y la Tarjeta Alimentar no solo evitaron la licuación que sufrieron los salarios formales y las jubilaciones, sino que alcanzaron picos históricos de poder de compra. Actualmente, la AUH es un 23% más alta en términos reales que durante el último tramo del peronismo y un 10% superior a los valores de la gestión de Cristina Kirchner.

Radiografía del "Nuevo Modelo": Menos Trabajo, Más Subsidio

El corazón del modelo libertario parece descansar sobre una transferencia directa masiva que hoy cubre a más de 6 millones de personas. Esta red de contención ha funcionado como un anestésico social efectivo frente a un panorama laboral crítico:

·Deterioro del empleo: Se estima una pérdida de 180.000 puestos de trabajo formales en los primeros 24 meses de gestión.

·Caída del salario mínimo: A diferencia de los planes, el sueldo básico ha perdido terreno mes a mes, cubriendo apenas una fracción de la Canasta Básica Total.

El rol de las Provincias: El último eslabón de la cadena

Si bien el Gobierno Nacional blindó las asignaciones directas, la presión por el hambre y las necesidades básicas se desplazó hacia los gobernadores. Provincias como Santa Fe han reportado un incremento del 30% en la demanda alimentaria durante 2025. Los distritos han tenido que reforzar sus propios programas (como la Tarjeta Única de Ciudadanía) para cubrir los baches de un modelo que, si bien previene la indigencia extrema, no logra sacar a las familias de la línea de pobreza.

La "Pax Libertaria" no es producto de un consenso ideológico, sino de un blindaje técnico. Milei ha aplicado una fórmula pragmática: ajuste severo sobre el trabajo y la clase media, pero refuerzo récord sobre los sectores más vulnerables.

Esta estrategia explica por qué, tras una devaluación del 120% y una recesión prolongada, el conflicto social no ha escalado a niveles de crisis institucionales previas. El Estado se achicó para el contribuyente, pero se volvió más presente —y generoso— para quienes dependen de la transferencia directa para comer.