De cronista deportivo en LU5 a jefe de la Triple A en la Universidad Nacional del Comahue, la trayectoria de "Guastavino" marca uno de los capítulos más siniestros de la historia neuquina.
NEUQUÉN – La historia de Raúl Guglielminetti es la de un hombre que se movió siempre entre las sombras y las instituciones públicas. A mediados de los años 60, sin formación militar previa, se integró como agente civil al Servicio de Inteligencia del Ejército bajo el alias de Ángel Rogelio Guastavino. Pese a ser civil, se hacía llamar "Mayor", una jerarquía que le otorgaba un aura de autoridad dentro del aparato represivo.
La radio y el diario
Durante años, Guglielminetti se mimetizó con la sociedad neuquina. Utilizó un carné profesional del diario "El Sur Argentino" y se desempeñó como periodista deportivo en LU5, una de las emisoras con mayor audiencia de la provincia. Esta fachada terminó abruptamente en marzo de 1973, cuando agrupaciones peronistas de izquierda tomaron la radio tras la asunción de Héctor Cámpora y lo expulsaron.
Hay quienes lo recuerdan durante el "Choconazo", la movilización en 1.970, de los obreros de la represa "El Chocón" desde la villa a Neuquén capital, reclamando por mejores condiciones laborales. "Tenías la obligación de trabajar 12 horas por día. La gente vivía en galpones que se estaban construyendo para vivienda. Y había galpones ya construidos donde vivían 80 ó 100 personas. Una cama al lado de la otra, sin tener donde lavarse o bañarse. Los baños estaban haciéndose", rememoró un obrero de la construcción que estuvo en el lugar. En definitiva, se adjudica a Guglielminetti los informes de inteligencia sobre los trabajadores.
En Cutral Co
Guglielminetti también hizo espionaje en la comarca petrolera. Llegó a la ciudad como corresponsal del "Sur Argentino". Quienes lo recuerdan señalan que tuvo algunas parejas y residió en Cutral Co un par de años. Incluso, se casó con una cutralquense. Ya trabajaba para la Inteligencia del Ejército
El desembarco en la UNCo y la Triple A
Su figura cobró una relevancia oscura en marzo de 1975, cuando fue contratado por la Universidad Nacional del Comahue (UNCo) para un supuesto "plan de trabajos públicos". Bajo la gestión del interventor rumano Remus Tetu —conocido por su pasado vinculado al nazismo y su promesa de "depurar" la academia—, Guglielminetti lideró la célula local de la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina).
La periodista Shirley Herreros señaló en un informe que Guglielminetti "era civil pero siempre cobró sueldos del Ejército (PCI) como Civil de Inteligencia. Integrante de la banda de Remus Tetu en la Universidad del Comahue, fue el que marcó a las jóvenes universitarias que siguen desaparecidas en Neuquén: Cecilia Vecchi, Susana Mujica, Alicia Pifarré, Mirta Tronelli, sus compañeras de militancia y otros jóvenes y adolescentes . Fue el que dejó sordo a golpes a Nano Balbo, el maestro neuquino que fue dirigente de Aten al regreso del exilio y que Saccomano describió en un libro".
También detalló que "participó de los bombazos de la triple A, según lo declarado por los integrantes de la patota en tribunales de Neuquén. La dueña de una de las librerías bombardeadas, reconoció su voz en el centro clandestino "la Escuelita", creado por Acdel Vilas".
Tortura en "La Escuelita" y proyección internacional
Con el golpe de Estado de 1976, su accionar se volvió aún más directo y brutal. El mismo 24 de marzo, detuvo al docente Orlando "Nano" Balbo, quien quedó sordo a raíz de las torturas sufridas.
Operó en "La Escuelita" (Neuquén) y más tarde en "Automotores Orletti" (Buenos Aires), vinculado al Plan Cóndor.
Hacia 1978, lideró el Grupo de Tareas Exterior (GTE), exportando tácticas de "guerra sucia" a Centroamérica.
Incluso en democracia, su nombre siguió ligado al crimen organizado, siendo vinculado a la banda de Aníbal Gordon al que se vincula con el secuestro y asesinato del banquero Osvaldo Sivak en 1985. Su legado en Neuquén permanece como el recordatorio de una época donde el espionaje y la delación se infiltraron en los medios y las aulas.
