Imagen
En un movimiento que consolida el giro de su política exterior, el Gobierno de Javier Milei oficializó la participación de Argentina en el programa Artemis II de la NASA. La decisión, confirmada este viernes por la Oficina del Presidente, representa un paso simbólico y estratégico en la búsqueda de un alineamiento irrestricto con la Casa Blanca, situando al país como colaborador en la primera expedición tripulada que viajará a las inmediaciones lunares desde que el programa Apolo fuera cancelado en 1972.

La misión, cuyo despegue está agendado para el próximo 6 de febrero, tiene como objetivo principal probar los sistemas de soporte vital en el espacio profundo. A diferencia de los históricos alunizajes, los astronautas de Artemis II no tocarán suelo lunar; en cambio, realizarán una trayectoria de retorno libre que los llevará a rodear el satélite natural. Para la administración libertaria, este anuncio no es solo un logro científico, sino un posicionamiento geopolítico claro en la nueva carrera espacial que lidera Estados Unidos.

Sin embargo, la comunicación oficial no ha estado exenta de polémica. En el informe gubernamental se destacó que la misión alcanzará una distancia de 72.000 kilómetros, una cifra que el comunicado tildó de "hito sin precedentes". Esta afirmación ha despertado suspicacias en los círculos académicos, ya que el récord histórico de distancia lo ostenta la misión Apolo 13, que en 1970 se alejó a más de 400.000 kilómetros de la Tierra. El error en la interpretación de los datos técnicos ha generado un intenso debate sobre el rigor informativo de la Casa Rosada en temas científicos.