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A días del hallazgo sin vida de Verónica Shadia Altamirano, el expediente por violencia de género que inició contra su expareja cobra un valor central en la investigación. Hostigamiento, maltrato físico y la viralización de material íntimo forman parte del calvario que la profesional relató ante la Justicia un mes antes de su muerte.


La comunidad de Pinto, en Santiago del Estero, no sale del asombro tras la pérdida de Verónica Shadia Altamirano. Sin embargo, lo que inicialmente se presentó como una tragedia personal ha derivado en un análisis profundo de sus últimas semanas de vida, marcadas por un desesperado pedido de auxilio en el ámbito judicial.

El antecedente: Un grito de ayuda en la Comisaría 17

El pasado 1 de marzo, Verónica acudió a la sede policial para formalizar una denuncia que hoy resulta escalofriante por su nivel de detalle. En aquel escrito, la abogada y docente de danzas describió una relación caracterizada por la toxicidad y la violencia sistémica:

·Violencia Multidimensional: Relató episodios de agresión física, verbal y psicológica, además de denunciar abusos sexuales dentro del vínculo.

·Violencia Digital: Uno de los puntos más graves fue la acusación por la difusión no consentida de imágenes íntimas. Según su testimonio, su expareja habría exhibido ese material en reuniones sociales y luego lo habría viralizado a través de grupos de mensajería instantánea.

·Amenazas e Impunidad: La joven manifestó que el acusado la amedrentaba asegurando que sus denuncias serían inútiles. "No me van a hacer nada", era la frase recurrente con la que el hombre buscaba desalentar su búsqueda de justicia.

El desenlace y la investigación actual

Tras haber decidido terminar el vínculo de forma definitiva el 26 de febrero, Verónica enfrentó un clima de hostigamiento que, según sus propias palabras, se había vuelto "insostenible". Finalmente, el sábado 11, su padre —un reconocido profesional de la zona— la encontró sin vida en las inmediaciones de su hogar.

Actualmente, las autoridades santiagueñas trabajan bajo un estricto hermetismo. Si bien las pericias iniciales se centran en las circunstancias mecánicas del fallecimiento, el historial de abusos y coacciones documentado en marzo obliga a los investigadores a evaluar la posible existencia de una instigación o un contexto de violencia que haya llevado a este desenlace.

Un impacto que trasciende lo local

La muerte de la joven de 29 años ha movilizado a organizaciones que luchan contra la violencia de género, quienes ponen el foco en la efectividad de las medidas de protección solicitadas tras la denuncia. El caso de Verónica Altamirano se suma a una lista de alertas sobre la desprotección que sufren las víctimas aun después de haber recurrido a los canales oficiales del Estado.