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El escenario económico actual continúa exhibiendo un marcado proceso de contracción en el sector privado formal. De acuerdo con el último relevamiento del Monitor Mensual de Empresas desarrollado por el centro de investigación Fundar, la Argentina registró la baja de 24.437 compañías desde diciembre de 2023, una cifra que representa una pérdida del 4,8% del tejido empresarial del país y que los analistas consideran el retroceso más agudo para el inicio de una administración gubernamental.

El documento, elaborado sobre la base de los registros de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), señala que el indicador no muestra indicios de revertir su tendencia. Durante el último mes de febrero, el ecosistema productivo local sufrió el cierre de otras 257 firmas —un descenso del 0,05% respecto al mes previo—, hilvanando de esta manera una racha negativa de 17 meses consecutivos de caídas mensuales.


Factores macroeconómicos que condicionan la competitividad

Los especialistas asocian este declive a la actual configuración macroeconómica del país. El director de Economía de Fundar, Guido Zack, puntualizó que las firmas locales se encuentran atrapadas en una pinza de costos internos crecientes y apreciación cambiaria, en un marco de flexibilización para el comercio exterior. Esta dinámica encarece los procesos productivos tanto en moneda local como en divisas, debilitando la posición de los fabricantes argentinos frente a los artículos importados.

Por otro lado, la comparación en términos interanuales expone la profundidad de la recesión: frente a febrero del año pasado se constató la desaparición de 13.163 unidades de negocios (un 2,6% menos), alcanzando un ciclo ininterrumpido de dos años con variaciones interanuales en terreno negativo.
Sectores más golpeados y asimetrías impositivas

La pérdida de dinamismo no es homogénea, pero afecta a la gran mayoría de las ramas de actividad. Según el monitor, 13 de los 19 sectores económicos evaluados experimentaron un saldo neto negativo en su cantidad de empresas.

Rubros más afectados: Las mayores bajas se concentran en los segmentos de la construcción —fuertemente resentido por el freno a los proyectos de infraestructura pública—, las actividades inmobiliarias, y el sector de transporte y almacenamiento.

Contraste sectorial: Las industrias de carácter extractivo, como la minería y los hidrocarburos, logran sostener sus niveles operativos dentro del actual modelo, aunque los analistas advierten que se trata de nichos de capital intensivo con baja capacidad para la generación masiva de empleo directo.

La discusión sobre las reglas del juego en la apertura de mercados también ganó centralidad. Desde los sectores industriales locales se remarca que no hay un rechazo a la competencia externa en sí, sino una demanda por equilibrar la carga fiscal. En ese sentido, los analistas técnicos advierten que las mercaderías que ingresan desde el exterior entran al circuito comercial exentas de gravámenes distorsivos que sí asume la industria nacional, tales como el Impuesto sobre los Ingresos Brutos a nivel provincial o el impuesto a los débitos y créditos bancarios.