El último informe del INDEC sobre distribución del ingreso, correspondiente al cuarto trimestre de 2025, arroja cifras alarmantes sobre la realidad socioeconómica del país. Los datos confirman la consolidación del fenómeno de los "trabajadores pobres", donde el salario ya no es garantía suficiente para cubrir las necesidades básicas de un hogar.
Los números de la brecha salarial
El análisis estadístico revela que la mitad de la población ocupada en Argentina tiene ingresos que no superan los $800.000 mensuales (mediana salarial). Al ampliar el espectro, el 70% de los perceptores de ingresos se ubica por debajo de la línea de los $850.000, una cifra que queda muy lejos de los $1.397.672 que necesitó una familia tipo para no ser considerada pobre.
·Ingreso promedio general: $1.068.540.
·Estrato bajo (Deciles 1 al 4): Promedia apenas $351.028.
·Informalidad: Quienes trabajan sin aportes jubilatorios perciben, en promedio, $651.484, casi la mitad de lo que gana un trabajador formal ($1.321.353).
Desigualdad de género y Coeficiente de Gini
La brecha de ingresos entre varones y mujeres continúa siendo una marca estructural del mercado laboral argentino. Mientras que el promedio de ingresos para los varones se situó en $1.191.364, las mujeres percibieron un promedio de $838.336, lo que representa una diferencia cercana al 30%.
Por otro lado, la desigualdad general medida por el Coeficiente de Gini —donde 1 es la desigualdad máxima— mostró una resistencia a la baja, ubicándose en 0,427 al cierre de 2025, apenas tres milésimas menos que el año anterior.
El costo de vida frente a los ingresos
La comparación entre los ingresos reales y las canastas del INDEC evidencia la profundidad de la crisis:
1.Canasta Básica Total (CBT): Fijada en $1.397.672 para una familia de cuatro integrantes. Solo los sectores de mayores ingresos logran superar esta barrera con un solo sueldo.
2.Canasta Básica Alimentaria (CBA): Situada en $644.088. Gran parte de los trabajadores informales y los deciles más bajos apenas logran cubrir la alimentación básica para no caer en la indigencia.
Este escenario refleja que, a pesar de una leve desaceleración en el coeficiente de desigualdad, la capacidad de consumo y el bienestar general se encuentran bajo una presión histórica debido a que la actualización de los ingresos corre muy por detrás del costo de vida.
