La histórica fabricante de ropa de cama, responsable de marcas emblemáticas como Danubio y Cannon, oficializó la suspensión total de sus actividades en la planta de Río Grande. La medida afecta a 70 trabajadores por un período de tres meses y se suma a una ola de despidos ocurrida a finales del año pasado, profundizando la incertidumbre en el polo industrial fueguino.
Un conflicto legal con impacto productivo
La parálisis de Sueño Fueguino no responde únicamente a la caída del consumo, sino a un complejo entramado judicial con el Estado Nacional. La empresa quedó excluida de los beneficios de la Ley 19.640 tras decidir no retirar una demanda contra el Gobierno, lo que le impide ingresar su mercadería al continente con las ventajas promocionales vigentes para la isla.
Actualmente, la compañía se encuentra en un cuello de botella logístico:
·Stock inmovilizado: Tienen 30 camiones cargados con mercadería que no pueden salir de la provincia.
·Depósitos colapsados: Con 700 toneladas de sábanas acumuladas, la firma alega que ya no cuenta con espacio físico para almacenar más producción.
·Revés judicial: Una medida cautelar que les permitía operar fue revocada recientemente por la Cámara de Comodoro Rivadavia, aunque la empresa aguarda una resolución definitiva.
El acuerdo salarial durante la pausa
Ante la imposibilidad de sostener la operatividad, la empresa alcanzó un acuerdo con los gremios textiles y de camioneros. Los operarios suspendidos percibirán aproximadamente el 90% de su salario neto de bolsillo (compuesto por el 70% del sueldo bruto más adicionales no remunerativos). Según la ministra de Trabajo provincial, Sonia Castiglione, esta tregua busca evitar nuevos despidos mientras se espera un fallo judicial favorable.
El ocaso del sector textil en la isla
La situación de la fabricante de Danubio se enmarca en un proceso de desindustrialización acelerado en la región. De las 11 textiles que operaban en la provincia, hoy solo quedan cuatro activas. El cierre de firmas como Blanco Nieve, Barpla y Textil Río Grande marca un antecedente sombrío para un sector que lucha por recuperar su competitividad y sostener el empleo frente a los cambios en el régimen de promoción industrial.
