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La inestabilidad económica que golpea a la industria del vino en Argentina ha sumado un nuevo foco de conflicto en la provincia de San Juan. Casa Montes, un referente del Valle de Tulum y productora de etiquetas reconocidas como Fuego Negro y Ampakama, atraviesa un complejo escenario judicial y financiero que ha puesto en evidencia la fragilidad de las grandes firmas ante la presión impositiva y la falta de crédito.

El detonante: embargos y una lluvia de cheques rechazados

La situación de la bodega salió a la luz tras registrarse una cifra sin precedentes en su historial: 282 cheques rechazados, cuyo valor total ronda los $470 millones. Por primera vez, la compañía ingresó a la lista de deudores del Banco Central, lo que generó un fuerte impacto en su reputación comercial.

Según explicaron desde la propia firma, el origen del problema no fue una quiebra operativa inmediata, sino una complicación burocrática y legal:

·Conflicto impositivo: Un ingreso demorado a un plan de pagos ante ARCA derivó en un embargo de sus cuentas bancarias.

·Bloqueo de fondos: Con las cuentas inmovilizadas, la empresa no pudo cubrir los compromisos emitidos, generando una reacción en cadena.

·Restricción bancaria: Ante la aparición de antecedentes negativos, los bancos suspendieron los acuerdos de descubierto, cortando el flujo de caja necesario para la operatoria diaria.

Aunque la empresa afirma haber regularizado cerca del 80% de las deudas, el estigma financiero persiste y dificulta el acceso a nuevo financiamiento.

Radiografía de un gigante en tensión

Casa Montes no es un actor menor en la economía regional. Su relevancia se mide en tres pilares:

1.Capacidad: Más de 3 millones de litros de almacenamiento y tecnología de punta en fraccionamiento.

2.Tierras: Gestiona 156 hectáreas de viñedos propios y sostiene contratos con múltiples productores locales.

3.Empleo: Es una pieza clave en la generación de puestos de trabajo directos e indirectos en San Juan.

Un síntoma de la "tormenta perfecta" vitivinícola

El caso de esta bodega sanjuanina funciona como un espejo de la crisis que afecta a todo el mapa del vino argentino, desde Mendoza hasta el norte del país. La industria enfrenta hoy un combo de factores que asfixian la rentabilidad:

·Costos desfasados: Los insumos, la energía y el transporte suben por encima de lo que el mercado interno está dispuesto a pagar por una botella.

·Caída del consumo: El poder adquisitivo en mínimos históricos ha desplomado las ventas locales, mientras que los cambios globales en los hábitos de consumo reducen el mercado internacional.

·Deterioro de la cadena primaria: Los viñateros denuncian que los precios que reciben por la uva ni siquiera cubren los costos de cosecha, poniendo en riesgo la supervivencia de las fincas familiares.

La crisis ya no distingue entre pequeñas bodegas y firmas industriales de gran escala; hoy, los concursos preventivos y las suspensiones de personal se están volviendo una constante en una de las industrias más tradicionales de la Argentina.