La industria nacional de la vestimenta atraviesa su periodo más complejo en dos años, enfrentando una tormenta perfecta de baja demanda, presión de costos y una avalancha de productos importados. La Cámara CIAI reporta un salto en las medidas de ajuste de personal, con despidos en su punto más alto desde 2024.
La industria argentina de la indumentaria ha cerrado el que, según sus propios referentes, es el peor bimestre operativo desde inicios del año pasado. Los fabricantes se encuentran atrapados entre la contracción del consumo, el aumento de sus costos operativos y una feroz competencia desatada por el crecimiento histórico de las importaciones.
Los datos recientes de la Cámara Industrial Argentina de la Indumentaria (CIAI) confirman un panorama sectorial profundamente pesimista, con una disminución de la actividad productiva y un deterioro en las finanzas internas de las empresas. El nivel de ventas acumula tres periodos consecutivos de baja, mientras la entrada de prendas del exterior alcanza su ritmo de crecimiento más acelerado en siete años.
El impacto crítico en el empleo
El ajuste de personal se ha convertido en la variable más crítica del sector. Ante la imposibilidad de mantener el ritmo productivo, las empresas han recurrido a medidas drásticas.
·Los despidos han alcanzado el valor más alto desde 2024, representando cerca del 30% de las acciones de contención adoptadas por las empresas.
·Las suspensiones se han duplicado, pasando del 5% al 10% de las medidas de ajuste en el último bimestre.
Estas decisiones se deben directamente a la caída sistemática de las ventas y a la acumulación récord de stocks, que dificulta la continuidad de la producción. La encuesta de la CIAI revela que siete de cada diez empresas reportaron una baja en sus ingresos durante el quinto bimestre del año. La retracción interanual en las unidades vendidas fue del 13,3%, reflejando la debilidad del consumo.
El principal problema para el 80% de las empresas sigue siendo la falta de demanda, a lo que se suma el incremento de costos que comprime los márgenes de rentabilidad.
La presión de los precios y los stocks
La industria ha optado por absorber los incrementos de costos para no trasladarlos al consumidor. La CIAI indica que el 64% de las firmas absorbió completamente los aumentos salariales, mientras que otro 34% solo aplicó ajustes parciales. Esta dinámica explica por qué los precios de las prendas crecen a un ritmo menor que el índice de precios general, pero a costa de la rentabilidad de las compañías.
El problema de los inventarios ha escalado a niveles de crisis:
·El 48% de las empresas declaró tener inventarios excesivos, el nivel más alto desde finales de 2024.
·La acumulación de productos sin rotación está generando tensión financiera, limitando la capacidad de reponer insumos y alterar la planificación de fabricación.
Deterioro de la cadena de pagos
El panorama se complica con el deterioro de la cadena de pagos. La proporción de empresas sin problemas de cobro se redujo drásticamente del 49% al 30%, mientras que un tercio de las firmas reporta retrasos frecuentes.
Ante las demoras en los cobros, las empresas han tenido que ralentizar la adquisición de insumos, ajustar sus cronogramas de producción y priorizar órdenes que aseguren mayor liquidez.
La confianza empresarial ha colapsado: el 58% de las compañías califica la situación económica como mala o muy mala, el punto más crítico de los últimos dos años. Las expectativas de mejora de ventas para 2025 cayeron al 10%, evidenciando un pesimismo generalizado.
El desafío de las importaciones récord
El factor externo ha exacerbado la crisis interna. Entre enero y octubre de 2025, el ingreso de prendas del exterior se disparó:
·Crecimiento del 102% en dólares y 154% en cantidades respecto a 2024.
·El volumen total importado, 31.232 toneladas, marca un récord histórico.
China es el principal motor de esta expansión, con una participación del 51% y precios unitarios en descenso. El precio promedio de la prenda importada se redujo un 21%, lo que intensifica la competencia directa sobre la producción nacional.
Las categorías más afectadas son pantalones, abrigos y sweaters. Solo los pantalones, con un incremento del 196% en cantidades importadas, representan el 21,8% del valor total. Además, la competencia es agresiva: el precio unitario de las t-shirts importadas cayó un 37%, el de las camisas un 27% y el de los sweaters un 20%.
En contraste, las exportaciones del sector tuvieron un rendimiento negativo, con una caída del 21% en valor y 24% en volumen entre enero y octubre, registrando el nivel más bajo de los últimos ocho años.
