El arranque del año ha sido un balde de agua fría para el mercado interno. Según los datos más recientes de la consultora Scentia, el consumo masivo en Argentina comenzó el 2026 con una caída del 7% respecto al cierre de diciembre. Lejos de ser un simple efecto estacional por las vacaciones, las cifras reflejan una tendencia estructural de retracción que ya se arrastraba desde el año anterior.
El informe revela que el golpe fue generalizado, aunque con matices según el lugar de compra. Las grandes cadenas de supermercados sufrieron el impacto más agudo en la comparación mensual, con un derrumbe del 15,4%. Por su parte, los comercios de cercanía y autoservicios independientes también mostraron números en rojo, con una baja intermensual del 12,5%.
Incluso el comercio electrónico, que suele ser un refugio para los buscadores de ofertas, registró un retroceso del 11%. Estas cifras demuestran que el ajuste en el gasto de los hogares ha llegado a un punto de inflexión donde ni siquiera las plataformas digitales logran sostener el volumen de ventas.
La persistente inflación y el rezago de los salarios reales han forzado a las familias a tomar decisiones drásticas. El análisis de Scentia destaca puntos clave sobre el nuevo escenario:
Se observa una caída real en rubros tradicionalmente estables como alimentos y artículos de higiene, lo que indica que el recorte ya no solo afecta a los gustos "extra", sino a la canasta básica.
La crisis se siente con más fuerza en el interior del país, mientras que en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) las promociones y descuentos agresivos han logrado amortiguar levemente el impacto.
Si comparamos este enero con el del año pasado, la baja general es del 1,1%, lo que confirma que el piso de consumo sigue descendiendo año tras año.
El panorama para lo que resta de la temporada es complejo. Con una política oficial que no contempla incentivos al consumo y salarios que pierden terreno, la reactivación parece lejana. Los especialistas advierten que, de no mediar una recuperación del ingreso real, el primer trimestre de 2026 podría consolidarse como uno de los períodos más recesivos de la historia reciente para el comercio minorista, dejando a las empresas dependiendo exclusivamente de financiación y rebajas extremas para movilizar su stock.
