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La industria nacional argentina ha recibido uno de sus golpes más duros en la historia reciente. El cierre definitivo de la planta de FATE en Virreyes no es solo el fin de una fábrica; es el colapso de un emblema que operó durante ocho décadas y que hoy deja a 920 familias en la calle. La jornada, marcada por la incertidumbre, derivó rápidamente en un escenario de violencia y resistencia obrera.

El estallido en las puertas de la fábrica

La noticia no llegó por canales formales de diálogo, sino a través de un frío comunicado que los trabajadores encontraron al intentar ingresar a sus puestos de trabajo este martes. La respuesta fue inmediata: un intento de toma de las instalaciones para resguardar las fuentes laborales.

Sin embargo, el predio de siete cuadras de extensión ya estaba bajo custodia. Los delegados denunciaron una "militarización" del área por parte de la Policía de la Provincia de Buenos Aires. Según el testimonio de referentes como Sebastián Tesoro, la tensión escaló hasta derivar en una represión con balas de goma. En medio del caos, la detención temporal del secretario general del SUTNA, Alejandro Crespo, terminó de dinamitar cualquier puente de negociación pacífica.

Los argumentos de la empresa: El peso de la crisis

Desde el directorio de FATE, la narrativa se centra en la insostenibilidad financiera. La compañía sostiene que el mercado cambió drásticamente y que las condiciones actuales "obligan a un enfoque diferente". Entre los puntos que la firma destaca para justificar el cese de actividades se encuentran:

·Pérdidas millonarias: Solo en el primer semestre de 2024, la empresa acumuló un saldo negativo superior a los 30 millones de dólares.

·Caída del consumo: El mercado interno se contrajo un 30%, lo que generó un excedente de stock imposible de colocar.

·Falta de competitividad: La gerencia apunta al ausentismo, la alta conflictividad gremial de años anteriores y la carga impositiva como lastres que impidieron la supervivencia de la planta frente a productos extranjeros.

La denuncia de los trabajadores: "Industricidio" y oportunismo

Para los operarios y los representantes sindicales, el cierre no es una fatalidad económica, sino una decisión política y empresarial deliberada. Ariel Godoy y otros trabajadores con décadas de antigüedad sostienen que la patronal está aprovechando el contexto para "limpiar" la nómina de empleados y reestructurarse bajo condiciones más precarias.

Denuncian que, mientras el Gobierno de Javier Milei y Luis Caputo abría las importaciones de neumáticos chinos a precios irrisorios —llegando a costar la mitad que un neumático local—, los dueños de FATE (el Grupo Madanes) decidían desviar sus capitales hacia sectores más rentables, como la energía eólica, abandonando su compromiso con la producción manufacturera.

"Nos quieren obligar a revolver la basura para comer y no lo vamos a permitir", sentenció Tesoro, reflejando el sentimiento de humillación y desamparo de una masa trabajadora que ve cómo desaparece un sector que supo ser orgullo nacional.

Un contexto de desmantelamiento industrial

Desde sectores vinculados a la FETIA-CTAT, como el de Pedro Wasiejko, se señala que este cierre es un "conflicto testigo". La desaparición de FATE se suma a una lista de casi 200.000 puestos de trabajo industriales perdidos en los últimos dos años.

La crítica apunta directamente al modelo económico de la actual gestión nacional, al que acusan de reeditar las políticas neoliberales de los años 90 que ya habían provocado el éxodo de otras grandes firmas en el pasado. Según los trabajadores, el hecho de que el cierre ocurra en la víspera de debates sobre reformas laborales no es casualidad: sospechan que la planta podría reabrir en unos meses con personal tercerizado y sin convenios colectivos.

El legado herido

FATE fue pionera en la región, siendo la única productora nacional de neumáticos radiales para transporte y exportando a mercados de elite como Europa y Estados Unidos. Hoy, esa trayectoria de más de 80 años se resume en un predio vallado, trabajadores en vigilia y una incertidumbre total sobre el futuro del entramado productivo en el partido de San Fernando.