Imagen
A casi tres meses del incidente que cambió su vida, la pequeña Catalina, de 9 años, ha comenzado a emitir señales que su familia describe como "pequeños milagros". Mientras la niña enfrenta una recuperación intensiva en Buenos Aires, la justicia neuquina formalizó la imputación contra la mujer policía que la embistió a bordo de una camioneta oficial.

Avances que conmueven: risas y complicidad
Paola Marfil, madre de la menor, compartió detalles sobre la evolución de "Cata", quien actualmente atraviesa jornadas terapéuticas de hasta siete horas diarias. A pesar de haber tenido que interrumpir brevemente su estadía en Escobar para ser intervenida en la clínica de Belgrano por complicaciones gástricas, la niña ha mostrado reacciones que renovaron las fuerzas de su entorno:

Conexión emocional: Paola relató que Catalina comenzó a responder a estímulos específicos, como videos de sus propios bailes en YouTube o menciones a amigos cercanos.

La sonrisa recuperada: "Se sonrió hasta con los dientes cuando le hice un chiste", recordó su madre, destacando que estas expresiones demuestran que la niña comprende el contexto y reconoce las voces de sus seres queridos.

Terapia auditiva: El equipo médico utiliza música y audios familiares para fomentar respuestas motoras y cognitivas en este lento pero prometedor camino.

El frente judicial: imputación por negligencia
En paralelo a la salud de la niña, la causa avanzó con la imputación de Camila Rocío Esperanza. La agente de la Policía de Neuquén es acusada de lesiones gravísimas culposas, agravadas por la conducción imprudente de un vehículo del Estado.

Los peritajes confirmaron datos críticos del siniestro ocurrido el pasado 19 de noviembre:

Exceso de velocidad: La camioneta circulaba a más de 70 km/h en una zona urbana limitada a 30 km/h.

Falta de advertencia: La uniformada no habría activado las sirenas de emergencia al momento de impactar a la niña, que circulaba en bicicleta.

La postura de la madre ante la acusación
Desde Buenos Aires y tras participar de la audiencia de forma virtual, Paola Marfil expresó una mezcla de dolor y firmeza. Si bien reconoció que la policía se comunicó para pedir disculpas y permaneció en el lugar del hecho, fue tajante respecto a las responsabilidades:

"Cada quien tiene que hacerse cargo de lo que hizo. Yo me hago responsable de mi hija, pero esto no hubiera pasado si no hubiera existido esa imprudencia con un vehículo oficial", sentenció.

Para la familia, el sentimiento no es de odio, sino de una profunda necesidad de justicia y de concentrar cada gramo de energía en la rehabilitación de una niña que, antes del choque, "bailaba todo el día".