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En la colonia "Nueva Esperanza", cerca de Guatraché (La Pampa), el tiempo parece haberse detenido hace cinco siglos. Sin embargo, detrás de la fachada turística de carros a caballo y carpinterías artesanales, se esconde una realidad de violencia de género, control extremo y leyes teocráticas. María Unger Reimer, de 34 años, es la cara de una rebelión que le está costando lo más preciado: sus hijas.


Una fuga que no termina


María fue pionera en 2019 al abandonar la comunidad, escapando de un sistema donde las mujeres tienen prohibido opinar, usar celulares o hablar castellano. Tras rehacer su vida en Tucumán, el destino la trajo de vuelta a La Pampa por la enfermedad de su madre, desencadenando una pesadilla:

·La agresión: El domingo 8 de febrero, su exmarido (C.B.) la atacó brutalmente. Bajo los efectos del alcohol, la golpeó y amenazó con rociarla con nafta y prenderle fuego junto a sus hijas.

·El "secuestro" en la capital: Tras denunciar el hecho y refugiarse en Santa Rosa, María fue interceptada en plena calle por un grupo de hombres de la comunidad que, por la fuerza, subieron a sus dos hijas (de 15 y 12 años) a una camioneta y se las llevaron de regreso a la colonia.

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El vacío legal y el "Estado dentro del Estado"

La denuncia de María pone en jaque la intervención de la Justicia ordinaria sobre las comunidades cerradas. Aunque radicó denuncias penales por lesiones y amenazas, la falta de medidas cautelares inmediatas permitió que el agresor se llevara a las menores.

"Salir de la comunidad cuesta la vida, pero quedarse también", sentencia María, describiendo un sistema de castigos donde los obispos y jefes deciden sobre el destino de las personas, aislando a quienes desobedecen.

La voz de las mujeres bajo el "Alemán Bajo"

El testimonio de María revela las reglas invisibles de Nueva Esperanza:

·Prohibición del lenguaje: Hablar castellano es motivo de burla y estigma; se busca que las mujeres no puedan comunicarse con el "afuera".

·Justicia eclesiástica: Ante cualquier falta, los hombres de la iglesia deciden el perdón o el aislamiento de la mujer.

·Doble estándar: Mientras a los hombres se les permite tener vehículos y celulares ocultos, las mujeres viven bajo una vigilancia constante.

El reclamo a la Justicia

Hoy, María exige la restitución urgente de sus hijas. Advierte a los jueces que las declaraciones de las niñas dentro de la colonia están "viciadas por la presión" y el miedo al infierno que les infunden desde pequeñas. La causa ahora se divide en dos frentes: la investigación por las agresiones físicas y la batalla legal por recuperar a las menores de un entorno que ella define no como religión, sino como sometimiento.