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Lo que comenzó como un reclamo sectorial ha escalado a una medida de fuerza de alto impacto. En una asamblea que congregó a 1.500 operarios, los trabajadores de la planta Mega de Coca-Cola dictaminaron el cese de actividades por tiempo indefinido. La resolución no solo implica el freno a la producción, sino también la permanencia de los empleados dentro de las instalaciones hasta que la empresa brinde soluciones concretas.

Los puntos clave del conflicto

La determinación del personal se fundamenta en tres exigencias principales que consideran impostergables:

·Regularización laboral: Pase a planta permanente de los trabajadores contratados.

·Compensaciones económicas: Revisión y mejora de los esquemas de presentismo.

·Refuerzo operativo: Incorporación de nuevos trabajadores para cubrir de manera segura el turno noche.

Un mensaje directo al Congreso

Más allá de las demandas internas, la protesta ha tomado un tinte político nacional. La asamblea rechazó de forma tajante la reforma laboral promovida por el Ejecutivo Nacional.

En este contexto, los operarios confirmaron que se sumarán a la movilización del 11 de febrero, coincidiendo con el debate parlamentario del proyecto, bajo la premisa de blindar las conquistas gremiales.

El rol de las bases y el respaldo sindical

Un dato distintivo de esta jornada fue el protagonismo absoluto de la asamblea por sobre las cúpulas. Si bien figuras como Pablo Moyano y Marcelo Aparicio (Camioneros) actuaron como portavoces oficiales, la conducción dejó claro que la estrategia y la firmeza de la medida emanan directamente de la decisión colectiva de los trabajadores de base.

"La medida nació y se sostiene desde la voluntad obrera; la dirigencia solo es el canal de difusión de lo decidido en la fábrica", remarcaron fuentes cercanas al conflicto.