El secreto de este postre reside en la conducción de calor indirecta. Al cocinarlo tapado y a fuego mínimo, el aire caliente circula creando un efecto de "horno pequeño", cocinando los bordes mientras el núcleo se mantiene en estado líquido.
Ingredientes
Chocolate semiamargo: 100 g (es vital usar uno de buena calidad para el sabor).
Manteca: 50 g.
Huevos: 2 unidades.
Azúcar: 60 g.
Harina 0000: 40 g (tamizada para evitar grumos).
Sal: Una pizca (realza el perfil del cacao).
Procedimiento paso a paso
Fusión de base: Derretí el chocolate con la manteca a baño María o en la misma sartén a fuego muy suave. Buscamos una textura brillante y sedosa. Dejá que baje la temperatura para no cocinar los huevos al mezclarlos.
Emulsión: Batí los huevos con el azúcar. No hace falta batir en exceso; solo integrar hasta que la mezcla sea uniforme. Incorporá el chocolate tibio.
Secos: Sumá la harina y la sal. Realizá movimientos envolventes. La clave aquí es no sobrebatir para que el bizcocho exterior quede tierno y no elástico.
Cocción controlada: Enmantecá una sartén pequeña (preferentemente de fondo grueso). Volcá la mezcla, tapá y llevá a fuego corona (el punto más bajo antes de que se apague).
El punto crítico: Cociná entre 8 y 12 minutos. Observá los bordes: deben verse opacos y firmes, mientras que el centro debe brillar y "bailar" levemente al mover la sartén.
Consejo de experto: El calor residual sigue cocinando el postre una vez apagado el fuego. Retiralo apenas veas los bordes cocidos para asegurar que el "volcán" efectivamente erupcione al cortarlo.
Emplatado y Maridaje
Servilo inmediatamente. La diferencia de temperaturas es lo que hace especial a este postre.
Contraste térmico: Una bocha de helado de crema americana o vainilla.
Acidez: Frutos rojos (frambuesas o arándanos) para cortar la intensidad del chocolate.
Textura: Una lluvia de azúcar impalpable o nueces picadas por encima.
