El primer helidesembarco fue exitoso, no así el grupo que ocupaba el helicóptero Puma, Águila fue muerto en combate cuando el helicóptero Puma (en el que era transportado), intentaba descender en Grytviken, isla San Pedro (o Georgia del Sur), fue atacado por marines ingleses que estaban apostados en la colina e hicieron blanco con sus disparos en la nave, la que desciende en la orilla opuesta de la caleta muy averiada y con dos soldados muertos (uno de ellos era Jorge Néstor Águila), y dos heridos. (FOTO: El helicóptero argentino Puma derribado en las Georgias. (Fotografía gentileza Fernando Bernabé Santos)
Recordemos que siendo el General Galtieri presidente de la Nación decide tomar la Islas Malvinas, determinando comenzar con la Operación Georgias, más precisamente ocupar Grytviken.
El día 3 de abril de 1982, las dos naves del grupo de Tareas 601 en el que viajaba Jorge Águila salieron de la Bahía Stromness y se aproximaron a la Bahía Cumberland, lugar donde se encuentra Grytviken.
El helicóptero Puma comenzó el traslado a la playa del primer contingente de Infantes de Marina al mando del Teniente de Navio Luna. En el segundo desembarco, el helicóptero recibió un nutrido fuego de parte de los marines, y como resultado, aterrizó de emergencia con varias bajas y averías. Se comprobó que había un herido y tres muertos. Se había tomado Grytviken con el saldo de tres hombres argentinos muertos.
En esas acciones libradas en la Isla San Pedro, del grupo de las Georgias del Sur para recuperar las Islas Malvinas al patrimonio nacional, fallecieron en combate el Cabo Primero Patricio Guanca, y los Conscriptos Jorge Águila y Mario Almonacid, ambos soldados pertenecían a la Infantería de Marina.
Una de las investigaciones más serias es la que publicó el periodista Felipe Celesia y que indica: “el oficial a cargo de la operación, el capitán de navío César Trombetta, decidió que una veintena de conscriptos y unos pocos oficiales fueran a ponerle el pecho a las balas para desalojar a los soldados de elite de la reina, sin “ablandarlos” con fuego naval ni obligarlos a rendirse.
“No debe aterrizar su helicóptero en esta base. Aquí hay personal militar cuya orden es defender esta base. Repito, por favor no use la fuerza, arreglemos esto pacíficamente”, advirtió y sugirió por radio a los militares argentinos el jefe de los marines, Keith Mills.
Trombetta desconoció la amenaza. La directiva de la Junta Militar para la operación en las Georgias era que no hubiera derramamiento de sangre enemiga porque eso complicaría la negociación de una administración compartida de las islas, un delirio propio de la irrealidad política que vivía la dictadura.
Entonces, con más cuidado por ajenos que por propios, Trombetta mandó a los conscriptos sin advertirles que los iban a atacar. “A lo sumo -mintió el capitán- se pueden encontrar con algún científico con un arma de caza”. Los científicos de Trombetta eran soldados profesionales entrenados y en lugar de carabinas para cazar tenían entre su armamento fusiles semiautomáticos, ametralladoras livianas, explosivos y cañones portátiles.
En la segunda oleada de conscriptos, transportados en un helicóptero Puma del Ejército, los británicos abrieron fuego como habían prometido y mataron a Mario Almonacid y a Jorge Águila, dos chicos patagónicos que estaban haciendo el servicio militar obligatorio pese a que habían sido “observados” por el Servicio de Inteligencia Naval (SIN) por ser hijos de inmigrantes chilenos.
Minutos después murió el cabo Patricio Guanca, a bordo de la corbeta Guerrico, cuando su capitán, Carlos Alfonso, decidió entrar en la pequeña caleta de Grytviken para atraer el fuego británico y darle un respiro a la fracción argentina. Y lo logró, por muy poco los marines no hunden el buque.
El Informe Rattenbach
Ante la orden emanada de mandos superiores de reforzar la seguridad de las Islas Georgias, se embarcan en la Corbeta ARA Guerrico 40 infantes de Marina, entre los que se encontraba el joven neuquino de veinte años nacido en Paso Aguerre. Debido a fuertes temporales que azotaban el atlántico sur, la corbeta recién pudo arribar a las costas de las Islas Georgias el día 2 de Abril a las 17 horas. Para ese entonces el mundo ya sabía que las fuerzas armadas argentinas habían tomado las Islas Malvinas.
La tarea fundamental de los marinos era tomar Grytviken, donde había cerca de 35 militares británicos, por la inclemencia del tiempo no se pudo hacer ese mismo 2 de abril, por lo que toda la operación fue pasada para el día 3 de Abril.
A las diez de la mañana de ese día se solicita la rendición al jefe de la base británica, informando que Puerto Stanley ya había caído y su Gobernador, Rex Hunt, se había rendido a las fuerzas argentinas. Este jefe inglés dice que tiene órdenes de resistir.
Ante la dilación por parte de los británicos de aceptar que estaban en inferioridad numérica, el Capitán de Navío Trombetta decidió no esperar más tiempo y ordenó el desembarco de un grupo de tareas mediante un helicóptero puma del ejército argentino.
La primera tanda de infantes de marina fue dejada en la playa, a la entrada de la caleta de Grytviken, sin que se produjeran novedades.
Al efectuarse el segundo traslado, en proximidades del mismo lugar, intenta descender el helicóptero puma, donde va el infante de marina Jorge Águila, es recibido por una fuerte descarga de armas automáticas, obligando a un aterrizaje forzoso en la orilla opuesta de la caleta.
Ante el giro dramático de los acontecimientos, donde ya se pueden vislumbrar varias bajas entre los marinos argentinos, la Corbeta Guerrico intenta una aproximación a la caleta con escaso poder de fuego ya que sus cañones se atascan y es averiada por los ingleses seriamente.
En una segunda aproximación y con fuego de armas automáticas se logra la rendición de los ingleses, que luego dirían que resistieron la rendición porque era una orden emanada desde Londres, para aparecer como que la toma de las Islas fue realizada violentamente por parte de las fuerzas militares argentinas y con eso victimizarse ante el mundo.