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En medio del tembladeral político generado por la reciente renuncia de Marco Lavagna, el ministro de Economía, Luis "Toto" Caputo, confirmó que el Gobierno ha decidido dar marcha atrás con la actualización del Índice de Precios al Consumidor (IPC). El argumento oficial es que el indicador diseñado por la gestión saliente se basaba en datos del 2018 y ya estaba "desactualizado".

Sin embargo, la decisión conlleva una paradoja tecnológica y estadística: para evitar un índice basado en 2018, la Argentina seguirá utilizando la estructura de consumo de 2004, una época donde los hábitos de los hogares eran radicalmente distintos a los actuales.

El argumento de la "obsolescencia"

Caputo justificó la medida alegando que los patrones de consumo cambiaron drásticamente tras la pandemia. "La Encuesta Nacional de Hogares en la que se basa el nuevo índice es de 2017 o 2018. Probablemente los patrones de hoy difieren más con los de ese año que los de 2018 con los anteriores", afirmó el ministro en una entrevista televisiva.

De esta manera, el Palacio de Hacienda congela la actualización prometida al FMI, organismo que incluso había financiado programas de asistencia técnica para modernizar el índice. Según reveló el exviceministro Joaquín Cottani, el compromiso con el Fondo era inminente, pero ahora queda suspendido sin una fecha cierta de reanudación.

Una canasta "vintage": del Fax al VHS

Lo que más ruido genera en el arco económico es la permanencia de la canasta del año 2004. Al mantener este esquema, el INDEC continúa relevando (o buscando sustitutos de) productos que hoy son virtualmente piezas de museo. Entre los ítems que todavía integran el cálculo de la inflación argentina se encuentran:

·Tecnología obsoleta: Alquiler de películas (videoclubs), diskettes, CD vírgenes y cassettes de VHS.

·Comunicaciones de otra era: Equipos de fax, servicios de locutorios y contestadores automáticos.

·Electrónica y hogar: Radiorelojes, tocadiscos, antenas de TV y servicios de revelado de fotos en papel.

Contradicciones y sospechas de manipulación

La decisión de no innovar profundiza las sospechas de una intervención indirecta sobre las estadísticas tras la salida de Lavagna. Hasta ahora, el INDEC defendía la canasta de 2004 alegando que se relevaban "productos sustitutos", un argumento que hoy choca de frente con la lógica de Caputo.

Si el índice de 2018 es considerado "viejo" por el ministro, la permanencia de un indicador con dos décadas de antigüedad deja al país en un limbo estadístico que dificulta la lectura real del poder adquisitivo y el costo de vida en la era de la economía digital y el streaming.