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El inicio de la semana en barrio Alberdi se vio fracturado por un hallazgo que ya no sorprende pero que no deja de aterrar. El descubrimiento de un objeto con apariencia de granada y una serie de notas con tinte mafioso en la puerta de la Escuela Luis Rullán obligó a la suspensión inmediata de las clases, dejando a cientos de alumnos en la calle y a una comunidad educativa sumida en la incertidumbre.

Un hallazgo en la primera línea de ingreso

El episodio ocurrió minutos antes de las 8 de la mañana, cuando el personal auxiliar de la institución, ubicada en la intersección de Superí y Molina, realizaba las tareas de apertura. Al toparse con el artefacto, una de las porteras reaccionó de forma instintiva pateando el objeto lejos del acceso principal para luego dar aviso al 911.

La rápida intervención de la Brigada Antiexplosivos permitió establecer un perímetro de seguridad antes de que los estudiantes ingresaran al establecimiento. Aunque las primeras pericias indican que se trataría de un encendedor con forma de proyectil, el impacto psicológico y el despliegue policial cumplieron el objetivo de los atacantes: sembrar el pánico.

El trasfondo: internas criminales y nombres propios

La gravedad del hecho no reside solo en el simulacro de explosivo, sino en el contenido de los mensajes dejados en el lugar. Las notas apuntan directamente a figuras del hampa local:

·Axel “Gordo” González: El preparador físico capturado la semana pasada en Villa Mugueta.

·“Frentudo” Fernández: Primo de González, actualmente detenido por causas de narcomenudeo en zonas aledañas como Parque Casas y El Churrasco.

La principal hipótesis de los investigadores sugiere que la escuela no es el blanco directo del conflicto, sino que fue utilizada como un "tablón de anuncios" de alta visibilidad para enviar un mensaje en una disputa entre bandas dedicadas al tráfico de estupefacientes.

Una comunidad bajo fuego cruzado

El evento escala en tensión debido al contexto de sensibilidad extrema que vive la región tras el reciente tiroteo escolar en San Cristóbal. Para los docentes, padres y vecinos de Alberdi, la aparición de simbología bélica en la puerta de un colegio representa una frontera que se cruza a diario.

Mientras la Brigada Antiexplosivos finaliza las inspecciones y el personal docente aguarda directivas en la vía pública, queda en evidencia la vulnerabilidad de las instituciones barriales. La escuela, que debería ser el espacio más seguro para los menores, ha quedado una vez más atrapada en la geografía de la violencia narco, donde un simple encendedor y un trozo de papel son suficientes para clausurar el derecho a la educación.