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Lo que para Estefanía Torres comenzó como el proyecto de una vida, se transformó en una pesadilla de 41 millones de pesos. El caso de esta vecina neuquina, que hoy denuncia penalmente a la empresa Ruster Soluciones en Construcción, destapa un modus operandi que parece repetirse con precisión quirúrgica en la región: cobrar cifras millonarias por adelantado y desaparecer tras un rastro de excusas inverosímiles.

La trampa del efectivo

La operatoria denunciada por Torres ante los micrófonos de LU5 describe una mecánica de presión financiera. El 22 de septiembre, bajo la urgencia de la constructora, la mujer entregó la totalidad del pago en mano. "Así como llegamos con el efectivo, el dueño agarraba la plata y se la llevaba", recordó. El contrato era claro: 90 días para levantar una vivienda de 70 metros cuadrados. Sin embargo, la fecha de entrega pasó en diciembre y, en el terreno, el silencio es total.

Donde debería haber paredes, hoy solo hay un par de bases enterradas a medias. La respuesta de Rodrigo Fernando Díaz, titular de la firma, ha sido una antología de la dilación. Según la damnificada, las excusas transitaron desde supuestas enfermedades de secretarias hasta accidentes de capataces, mientras el tiempo corría y la oficina central en San Martín y Brown bajaba sus persianas definitivamente.

Un reguero de damnificados

La sospecha de una estafa sistémica crece al cruzar datos. El nombre de Ruster ya había saltado a la luz en octubre pasado con el caso de Belén Saavedra en Plottier, quien perdió 55 millones de pesos y terminó vendiendo su camioneta de reparto de agua para pagar alquileres que no debería haber tenido.

Hoy, el escenario es desolador:

·Oficinas fantasma: Mientras las víctimas buscan respuestas en un local vacío, Díaz les asegura que está "abriendo una nueva sede", lo que enciende las alarmas sobre posibles nuevas captaciones.

·Trabajadores en la calle: La falta de pago no solo afectaría a los clientes, sino también a las cuadrillas de obreros que habrían quedado a la deriva.

"Lo único que quiero es justicia", reclama Estefanía, desbordada por una montaña de documentos y la impotencia de ver su capital evaporado. Con el asesoramiento de abogados, las víctimas ahora buscan que la Justicia frene la actividad de una empresa que, pese a los incumplimientos, amenaza con seguir operando bajo nuevas fachadas.