La contracción del consumo en abril se sintió con fuerza en kioscos y perfumerías. El estancamiento de los ingresos y el peso de las deudas familiares consolidan un escenario de parálisis general que las operaciones digitales no logran revertir.
La contracción del mercado interno sumó un nuevo período en terreno negativo, consolidando una tendencia que ya se extiende por casi medio año.
De acuerdo con los últimos relevamientos de la consultora Scentia sobre miles de comercios a nivel nacional, la compra de bienes de primera necesidad retrocedió casi un 4% frente al mismo período del año anterior, evidenciando un bajón aún más marcado cuando se compara el desempeño de abril contra el mes que lo precedió.
La retracción del gasto hogareño no discriminó canales ni formatos. Los pequeños comercios de cercanía y los autoservicios barriales vieron mermar la afluencia de clientes, pero el golpe más duro lo sintieron los kioscos, con pérdidas de facturación que superaron el 6%.
En cuanto a los rubros, si bien el abastecimiento básico de comida amortiguó el impacto con una baja moderada, los segmentos de limpieza para la vivienda, tocador y bebidas sufrieron recortes drásticos cercanos al 6% en los volúmenes despachados. Incluso un sector tradicionalmente inelástico como el farmacéutico experimentó un desplome intermensual que rozó los dos dígitos.
El trasfondo de este retraimiento masivo responde directamente a la erosión constante de los haberes frente al costo de vida. Con presupuestos severamente acotados, la prioridad de las familias se desplazó hacia la cancelación de compromisos financieros previos, como los saldos de tarjetas de crédito y préstamos personales.
Este direccionamiento de los recursos disponibles achicó al mínimo el margen destinado a las compras cotidianas, configurando una crisis de demanda que empieza a encender alarmas en toda la cadena de distribución.
