Con un cronograma que arranca este año, el Ejecutivo nacional busca eliminar el arancel del 4,5% que pesa sobre las terminales de manufactura local. La meta es recuperar el terreno perdido frente a Brasil y México, en medio de la fuerte presión de las automotrices asiáticas.
El escenario elegido para el anuncio fue el discurso por el 172° aniversario de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires. Allí, el presidente Javier Milei ratificó el rumbo de su política de flexibilización fiscal al confirmar que las exportaciones de la industria automotriz quedarán completamente liberadas de retenciones hacia mediados de 2027.
El esquema de desgravación comenzará a regir a partir de julio de 2026 de manera progresiva. La medida responde a un histórico reclamo corporativo y forma parte de la estrategia estatal orientada a achicar las estructuras públicas para dar mayor protagonismo al sector privado y los mercados internacionales.
Las claves numéricas del nuevo esquema fiscal
La eliminación de este gravamen altera el mapa de costos logísticos y de producción para las terminales radicadas en el país:
·Margen de ganancia: Se calcula que la quita total del impuesto representará un alivio de USD 500 promedio por cada vehículo despachado al exterior.
·El factor antecedentes: Este beneficio reemplaza el vacío normativo que dejó la caída de la exención impositiva para volúmenes incrementales (tope de 137.000 unidades) que había fijado la gestión anterior y que terminó venciendo formalmente en julio de 2025.
La Asociación de Fábricas de Automotores (Adefa) venía presionando por una solución definitiva, la cual estuvo contenida hasta que los equipos técnicos de la presidencia verificaron las metas de recaudación fiscal necesarias para dar luz verde al proyecto.
La mirada técnica: ¿Alivio real o parche parcial?
Desde el sector analítico y tributario ponderan la iniciativa, aunque ponen paños fríos sobre su alcance inmediato. Para Sebastián Domínguez (SDC Asesores Tributarios), el fin de las retenciones ataca solo una parte del problema estructural del país:
"El sector automotor local lidia con frentes complejos que van desde las fluctuaciones del tipo de cambio hasta las reglas de juego de las importaciones. Si bien la reducción gradual es un incentivo excelente para desarrollar modelos de exportación y resguardar el empleo, no se debe sobredimensionar su impacto aislado".
Por el lado del impacto fiscal, la apuesta de la Casa Rosada consiste en una suerte de compensación dinámica: resignar ingresos inmediatos (que antes garantizaban el equilibrio fiscal) bajo la premisa de que a mayor producción, el Estado recaudará más vía Impuesto a las Ganancias, cargas sociales por nuevos empleos y tributación por actividad económica general. Asimismo, se descartó de plano que la medida tenga un impacto a la baja en el precio de los autos en los concesionarios locales.
Competitividad: Argentina frente al espejo global
La persistencia de impuestos a los flujos de exportación posiciona a la Argentina en un lote exótico a nivel mundial, compartido con naciones de bajo desarrollo institucional o economías muy cerradas como Uzbekistán, Camerún o Irán. El tributarista César Litvin (Lisicki, Litvin & Abelovich) remarca constantemente que este gravamen integra el "podio del daño" a la producción, junto con el Impuesto al Cheque e Ingresos Brutos.
La urgencia de desactivarlo tiene nombre y apellido: competencia regional. Al no contar con este tipo de trabas fiscales en sus fronteras, potencias industriales vecinas como Brasil y México corren con una ventaja sustancial para captar inversiones. En un contexto global desafiante, marcado por el desembarco masivo de automotrices de origen chino, la eliminación de las retenciones se vuelve una carta indispensable para que las fábricas locales peleen de igual a igual en los mercados internacionales.
