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A pesar de la aceleración del índice general de inflación, el costo de vida medido a través de las canastas básicas mostró una notable desaceleración durante el tercer mes del año. Según los datos oficiales publicados por el INDEC, una familia tipo conformada por dos adultos y dos menores requirió ingresos por $1.434.463,81 para cubrir la Canasta Básica Total (CBT) y evitar caer bajo la línea de pobreza.


Desaceleración frente a la inflación general

El informe destaca un fenómeno particular en marzo: mientras que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) saltó al 3,4% impulsado por las tarifas y la educación, las canastas que miden los umbrales de vulnerabilidad social se mantuvieron por debajo de esa cifra:

Canasta Básica Total (Pobreza): Registró un aumento del 2,6%, marcando la variación más baja en los últimos seis meses.

Canasta Básica Alimentaria (Indigencia): Subió un 2,2%, el incremento más acotado en los últimos siete meses.

Alimentos: el factor moderador

Esta brecha entre la inflación general y las canastas básicas se explica por la dinámica de los precios de la comida. La menor variación en el rubro de alimentos fue el "ancla" que permitió que los indicadores de pobreza e indigencia no escalaran al ritmo de los servicios públicos o los combustibles.

De esta manera, una familia tipo necesitó $638.125,56 mensuales solo para cubrir sus necesidades nutricionales básicas (CBA) y no ser considerada indigente.
El contraste regional

Este alivio relativo en el ritmo de aumento de los alimentos coincide con el dato inflacionario de la Patagonia, que en marzo fue la región con menor incremento del país (2,5%). Sin embargo, los altos costos fijos de la zona —como alquileres y servicios que no integran la canasta alimentaria— siguen representando el mayor desafío para los hogares de la Comarca Petrolera.