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El cierre definitivo de Fate, tras casi nueve décadas de historia, no solo representa un golpe productivo, sino que pone de manifiesto una fractura profunda entre el sector industrial tradicional y la administración de Javier Milei. Javier Madanes Quintanilla, presidente de la compañía, fue contundente al señalar que el actual modelo económico opera bajo un sesgo que ignora las necesidades de los inversores locales en favor de una apertura de mercado que califica de asfixiante.

La crítica al modelo: "Un ajuste más duro que el de 2001"

Para el titular de la fabricante de neumáticos, el rumbo tomado por el Gobierno muestra una falta de reconocimiento hacia el empresario que apuesta a largo plazo en el país. Madanes Quintanilla sostiene que existe una marcada diferencia en el trato oficial: mientras se busca seducir al capital extranjero, el capital argentino enfrenta un escenario de "menosprecio" que dificulta cualquier intento de competitividad.

Según su visión, las medidas impulsadas por el Ministerio de Economía han configurado un panorama de crisis incluso más profundo que el experimentado a principios de siglo, caracterizado por:

Desprotección industrial: Una apertura de importaciones que, combinada con la caída del consumo, terminó por desplomar la producción.

Informalidad laboral: La imposibilidad de competir en un mercado donde cerca de la mitad de la economía opera fuera del sistema.

Incentivos desiguales: Críticas directas al RIGI, señalando que el esquema de beneficios para grandes inversiones no se aplica de manera equitativa para proteger a las empresas nacionales y pymes.

El impacto social y el silencio de la dirigencia

La decisión de cesar las operaciones deja un saldo de 920 familias sin sustento, un desenlace que el empresario ya venía advirtiendo tras la pérdida del 30% del empleo en el sector durante el último año.

En este contexto, Madanes Quintanilla también apuntó contra la Unión Industrial Argentina (UIA), calificando a su actual conducción como "insignificante" y cuestionando su pasividad ante lo que considera un desmantelamiento del aparato productivo.

Un cierre sin marcha atrás

A pesar de haber manifestado en años anteriores su intención de seguir colaborando con el crecimiento del país, el empresario concluyó que las actuales reglas de juego hacen inviable la continuidad. Por el momento, la firma se ha llamado a silencio, limitándose a un comunicado donde atribuyen el fin de sus actividades a los cambios drásticos en las condiciones del mercado y la imposibilidad de operar bajo el esquema de control de capitales y brecha cambiaria que, según su pronóstico, persistirá en el corto plazo.