
Con proyecciones de crecimiento del FMI y un repunte en la imagen presidencial, el Gobierno busca calmar al mercado. Sin embargo, la brecha entre los sectores exportadores y el consumo interno mantiene la cautela entre los inversores.
La administración central comenzó a desplegar una estrategia discursiva y financiera orientada a garantizar que el proceso electoral de 2027 se desarrolle bajo un escenario de estricta estabilidad cambiaria. Apoyado en una reciente recuperación de los índices de popularidad de Javier Milei, proyecciones macroeconómicas favorables y un flujo constante de divisas hacia el Banco Central, el oficialismo intenta disipar las dudas que todavía condicionan las decisiones del sector inversor.
A pesar de la actual calma en el mercado de divisas, la tendencia de los ciudadanos a dolarizar sus excedentes financieros sigue vigente. Durante el mes de abril, las adquisiciones netas de moneda extranjera por parte de particulares totalizaron USD 2.360 millones. Si bien la cifra es considerable, se ubica muy por debajo de los USD 6.500 millones demandados en septiembre de 2025, en el período previo a los comicios legislativos.
El recuerdo de los desajustes previos opera como el principal argumento para mantener el esquema de control actual. Durante el año pasado, el Palacio de Hacienda se vio obligado a ejecutar una intervención de carácter extraordinario con el fin de contener una devaluación del peso; una maniobra que en el seno del Gobierno consideran vital para preservar la certidumbre de los mercados y apuntalar las chances electorales. Este temor a las transiciones políticas encuentra un antecedente histórico de peso en las elecciones primarias de 2019, cuando la caída electoral del oficialismo de entonces provocó un derrumbe generalizado en los activos argentinos y una fuerte depreciación de la moneda local.
La apuesta de Caputo y las proyecciones de los analistas
En este contexto, el ministro de Economía, Luis Caputo, aprovechó su disertación en el Latam Economic Forum para emitir un mensaje de tranquilidad hacia los operadores financieros. El funcionario aseguró que el próximo año de elecciones se caracterizará por ser un período "muy calmo", contradiciendo de forma directa las previsiones de inestabilidad que sostienen diversos sectores privados.
La mirada optimista del equipo económico se apoya en los pronósticos emitidos por el Fondo Monetario Internacional (FMI). El organismo multilateral proyecta una expansión del Producto Bruto Interno (PBI) argentino del 3,5% para 2026 y una aceleración del 4% de cara a 2027, acompañada por una inflación anualizada que perforaría el techo del 20%.
No obstante, las dudas persisten en el ámbito de la consultoría privada. El economista Jorge Ávila argumentó que una fracción de entre 100 y 200 puntos básicos del riesgo país responde de manera exclusiva al temor de los mercados financieros ante un hipotético retorno del kirchnerismo al poder. Esta desconfianza se traduce de forma concreta en el mercado de títulos públicos de deuda: mientras el Estado logró colocar bonos Bonar 2027 con un rendimiento del 5% anual en dólares, debió convalidar tasas superiores al 8% para los compromisos con vencimiento fijado en 2028.
Popularidad en alza y una economía de dos velocidades
En el plano político, un relevamiento de la consultora Atlas Intel publicado por la agencia Bloomberg reflejó un avance de cuatro puntos porcentuales en la imagen positiva de Javier Milei, que se posicionó en el 40%, mientras que su desaprobación se retrajo del 63% al 58%. Estos indicadores ubican al jefe de Estado en niveles de competitividad similares a los del gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, referente principal del arco opositor.
La encuesta también evidenció una mejora en las expectativas de la población a mediano plazo: aunque apenas el 25% califica la realidad actual como favorable, el nivel de optimismo trepa al 35% cuando se consulta sobre las perspectivas económicas para los próximos seis meses.
Sin embargo, los indicadores de actividad económica continúan reflejando una profunda brecha sectorial:
·Sectores dinámicos: La minería, la energía y el sector agropecuario marchan a ritmo firme con volúmenes récord de producción y saldos exportables que garantizan la liquidación de divisas.
·Sectores rezagados: La industria manufacturera no logra consolidar un sendero de reactivación estable, el consumo masivo permanece deprimido y la construcción sigue afectada por la paralización de la obra pública y el incremento de los costos operativos medidos en dólares.
Para el Gobierno, la desaceleración del índice de precios al consumidor se presenta como la herramienta central para recomponer el poder adquisitivo y reactivar el mercado doméstico. Las proyecciones para el mes de mayo anticipan una nueva reducción de la inflación, que se ubicaría levemente por encima del 2% mensual.
Los primeros datos del mes muestran un comportamiento dispar en el consumo masivo de bienes durables. La comercialización de automóviles cero kilómetro anotó una contracción interanual del 25%, mientras que el patentamiento de motovehículos sostuvo su racha expansiva alcanzando registros históricos. En contrapartida, el balance del sector externo le ofrece aire al Banco Central: el superávit comercial permite proyectar que la autoridad monetaria superará durante junio la meta de USD 10.000 millones en compras de divisas contemplada en la fase 4 del programa oficial, el pilar técnico con el que el oficialismo pretende blindar el frente cambiario rumbo
