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La histórica victoria de la Selección Argentina ante Inglaterra no solo dejó repercusiones en el ámbito geopolítico por la bandera sobre la soberanía de las Malvinas, sino que también abrió un inesperado frente de discusión doméstica entre la Casa Rosada y el capitán del equipo, Lionel Messi.

El conflicto se originó a partir de las declaraciones que el futbolista brindó a la señal TyC Sports tras el partido en Atlanta. Al dedicarle el triunfo a la hinchada, Messi expresó: "Sabemos que los mundiales para nosotros son especiales y nos olvidamos de todo lo mal que nos toca pasar. Que hay gente que la pasa mal, que no tiene trabajo, que no llega a fin de mes o que la vive peleando".

La respuesta oficial de la administración de Javier Milei llegó veinticuatro horas después a través del vocero presidencial, Adrián Ravier. En una entrevista televisiva con Infobae, el funcionario relativizó las palabras del astro deportivo y marcó una clara discrepancia conceptual. "No coincidimos en el Gobierno con esto de que la gente no llega a fin de mes", señaló el portavoz, argumentando que, si bien existen situaciones individuales complejas, generalizar ese escenario transmite una percepción distorsionada de la realidad social del país.

Este episodio representa un giro en la estrategia comunicacional del Ejecutivo, que hasta el momento había evitado cualquier fricción con el futbolista.

El antecedente más inmediato se remontaba a la desvinculación de Julio Garro de la Subsecretaría de Deportes, ordenada por el propio mandatario luego de que el exfuncionario solicitara que el capitán se disculpara públicamente por cánticos polémicos del plantel.

Sin embargo, el desenlace del partido frente a Inglaterra alteró la postura oficial: previo al cruce por la situación económica, el presidente ya había tildado de "imprudentes" a los deportistas por la exhibición de consignas soberanas, calificándolas de expresiones de tinte nacionalista y populista.