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El reciente descenso del riesgo país por debajo de la barrera de los 500 puntos básicos reavivó un viejo anhelo en el núcleo duro del Gobierno Nacional: el retorno formal al mercado internacional de crédito. Desde el Ministerio de Economía proyectan un escenario optimista en el que Argentina pueda emitir deuda por hasta USD 25.000 millones, una cifra que blindaría el programa financiero oficial hasta las próximas elecciones y garantizaría fondos para reactivar la obra pública en el interior, aceitando la relación política con los mandatarios provinciales.

A pesar de que el indicador elaborado por el JP Morgan cerró la semana consolidándose en la zona de las 494 unidades tras tocar un piso de 488, el equipo económico nota que romper los actuales niveles de resistencia se vuelve una tarea cada vez más compleja. La reciente mejora del panorama financiero doméstico estuvo fuertemente impulsada por factores externos, puntualmente por los avances diplomáticos entre Washington y Teherán para garantizar el comercio naval en el estrecho de Ormuz, un canal neurálgico por donde circula el 20% del crudo global. Esta distensión alivió los temores de una escalada inflacionaria global, mejorando la predisposición de los fondos de inversión hacia los mercados emergentes.

La encrucijada del costo financiero

A pesar del optimismo oficial, la gran incógnita del mercado radica en el costo real que debería afrontar el país para financiarse hoy. Tomando como referencia el rendimiento actual de los bonos del Tesoro de los Estados Unidos (en torno al 4,5% anual) y sumándole la sobretasa del riesgo país local, Argentina debería convalidar un interés cercano al 9,5% anual en dólares.

Esta cifra genera discrepancias en las esferas de poder. Mientras que para el Palacio de Hacienda una tasa de un dígito alto ya habilita una colocación, para la Presidencia de la Nación aún resulta excesiva. De hecho, la proyección oficial apunta a que el indicador de riesgo quiebre los 250 puntos, lo que deprimiría el costo de endeudamiento hacia un más aceptable 7% anual. Distintos analistas privados sostienen que, por fundamentos macroeconómicos, el país ya debería registrar esos valores, pero la incertidumbre política respecto al mediano plazo y las posibilidades de continuidad del proyecto libertario terminan duplicando el spread real.

El factor externo y los cambios en el gabinete

Las condiciones actuales distan mucho de épocas pasadas. Durante la gestión de Mauricio Macri, el país lograba financiarse al 7% debido a que los tipos de interés de la Reserva Federal rondaban el 2%. Hoy, la sólida actividad económica estadounidense y los persistentes riesgos inflacionarios obligaron a la Fed a sostener una política de tasas elevadas por más tiempo, obligando a Washington a convalidar rendimientos soberanos largos que no se observaban desde 2007.

Este choque de visiones sobre el momento ideal para salir al mercado ya se cobró su primera baja política. A principios de año, el entonces secretario de Finanzas, Alejandro Lew, consideraba oportuno emitir deuda al 9,75% para comenzar a construir una curva de vencimientos. Su postura pragmática chocó de frente con la narrativa presidencial, que interpreta que aceptar tasas de dos dígitos es una muestra de debilidad y falta de confianza estructural por parte de Wall Street. La salida de Lew y la posterior designación de Federico Furiase en el cargo ratificaron la estrategia oficial de postergar la salida a los mercados internacionales hasta que los inversores convaliden una reducción mayor del costo de financiamiento.

Un cronograma ajustado y presiones cambiarias

Sin embargo, el tiempo apremia al Palacio de Hacienda debido a los exigentes compromisos de deuda que asoman en el horizonte:

·Julio: Vencen compromisos por USD 4.400 millones, restando cubrir una brecha de USD 1.000 millones.

·Agosto: Concluye el período fuerte de liquidación de divisas del sector agropecuario, mermando el flujo de ingresos al Banco Central.

·Noviembre: El panorama electoral en Estados Unidos introduce volatilidad; en el mercado advierten que un resultado adverso para Donald Trump gatillaría un proceso de dolarización de carteras por parte de grandes fondos de inversión, desarticulando la hoja de ruta del Gobierno.

·Enero: Se presenta un nuevo vencimiento de magnitud por otros USD 4.400 millone