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El presidente Javier Milei calificó como "altamente probable" la visita del Sumo Pontífice, tras los avances en las misiones diplomáticas. En paralelo, el jefe de Estado buscó distender la relación con la Iglesia local al minimizar los fuertes cuestionamientos socioeconómicos vertidos durante el Tedeum.

La postergada visita del máximo referente de la Iglesia Católica a la Argentina sumó un nuevo capítulo de optimismo oficial. El presidente de la Nación, Javier Milei, confirmó que existen tratativas avanzadas para concretar el arribo del papa León XIV al territorio nacional antes de que finalice el año, estimando el mes de noviembre como la ventana temporal más concreta.

Según explicó el mandatario, el acercamiento definitivo de posiciones con la Santa Sede se logró a partir de las misiones diplomáticas encabezadas por el canciller Pablo Quirno. Desde el plano eclesiástico, el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, coincidió en la viabilidad del viaje, definiéndolo como un escenario "muy cierto", aunque llamó a mantener la cautela hasta que el Vaticano emita un comunicado protocolar de confirmación.

Baja tensión con la Iglesia tras los reclamos del 25 de Mayo

El anuncio presidencial sirvió también para bajar la intensidad de la disputa dialéctica tras los duros cuestionamientos que la cúpula de la Iglesia local expuso durante la tradicional homilía patria en la Catedral Metropolitana. Milei descartó cualquier malestar con la figura de García Cuerva y optó por convalidar el disenso en el marco del debate democrático.

El jefe de Estado calificó el pronunciamiento del arzobispo como un aporte constructivo dentro de un clima político que definió como "áspero" debido a las tensiones entre las reformas económicas que impulsa su administración y los sectores que ofrecen resistencia a las medidas.

Los ejes de la advertencia eclesiástica

La postura de sosiego adoptada por el Poder Ejecutivo se da luego de un mensaje religioso que caló hondo en la agenda pública. Durante la celebración litúrgica, la máxima autoridad eclesiástica porteña había enumerado las realidades que afectan a los sectores más vulnerables de la sociedad argentina, haciendo especial hincapié en:

·Población vulnerable: Las urgencias desatendidas de adultos mayores, infancias, personas con discapacidad y trabajadores precarizados o informales.

·Cohesión comunitaria: La necesidad imperiosa de frenar la polarización discursiva y los posicionamientos individuales que atentan contra el entramado colectivo.

·Riesgo social: El peligro de una fragmentación de los lazos de hermandad y de la identidad nacional bajo lógicas económicas que excluyan a los sectores desprotegidos.