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La Justicia imputó al empleado de una reconocida cadena comercial por coordinar la entrega clandestina de mercadería en horas de la noche. Cayó de forma flagrante cuando la policía interceptó una camioneta cargada con carnes, quesos y bebidas.


Las maniobras de un empleado infiel quedaron al descubierto en los tribunales neuquinos tras una investigación penal que combinó el análisis de las redes de seguridad interna y cruces de llamadas telefónicas.

Un hombre que se desempeñaba como encargado de la zona de almacenamiento de la sucursal 182 del supermercado La Anónima, situado en el cruce de San Martín y Paraguay, fue formalmente acusado de utilizar su posición jerárquica para lucrar con los bienes de la firma.


El modus operandi desplegado por el operario consistía en desativar deliberadamente los dispositivos de grabación en el sector de andenes de carga para borrar los rastros de las maniobras.

La primera maniobra delictiva bajo sospecha data de fines de julio del año pasado, oportunidad en la que el acusado coordinó el arribo de un vehículo particular para retirar mercadería de forma ilegal, generando un bache financiero inicial estimado en setecientos mil pesos.


El fraude sistemático llegó a su fin semanas más tarde, durante un segundo intento de similares características. En esa ocasión, las fuerzas de seguridad apostadas en las inmediaciones frustraron la huida de los sospechosos y secuestraron un cuantioso cargamento de alimentos y productos premium valorado en más de dos millones y medio de pesos. La jueza de garantías Natalia Pelosso avaló el inicio de las pesquisas formales por el delito de administración fraudulenta y concedió un período de cuatro meses a las partes para la recolección de pruebas definitivas.