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El fundador de la marca de zapatillas Kioshi describió un escenario límite para la cadena de valor textil y fabril. El promedio de compra por habitante se desplomó a la mitad, equiparándose con los registros de los mercados más postergados de la región.

Las señales de recesión en el mercado interno continúan perforando los pisos de actividad de las pequeñas y medianas empresas nacionales. El sector de la fabricación y comercialización de calzado expuso un panorama alarmante debido a la parálisis de las ventas, un fenómeno que está forzando el cese de operaciones de eslabones comerciales históricos y talleres de producción en los principales cordones industriales de la provincia de Buenos Aires.

La gravedad de la situación fue expuesta por el empresario Emmanuel Fernández, titular de la firma de zapatillas Kioshi, quien en una entrevista con el canal de streaming Ahora Play calificó el presente de la actividad como un proceso "casi terminal". El industrial puntualizó que el quiebre de la demanda golpea en simultáneo a las terminales productivas y a las redes de distribución minorista de todo el territorio, modificando de raíz los hábitos de consumo de la población.

Desplome del consumo por habitante y persianas bajas

El indicador más elocuente del retroceso sectorial radica en la drástica contracción de la adquisición de unidades por persona en el mercado local. El empresario detalló que la Argentina experimentó una caída abrupta, pasando de un promedio histórico cercano a los cuatro pares de calzado anuales por habitante a registrar apenas dos unidades en la actualidad, un volumen de mercado que asimila las variables domésticas a las realidades comerciales de naciones como Perú o Bolivia.

Esta retracción del consumo generó una reacción en cadena en los centros comerciales urbanos:

·Achicamiento de redes: Comerciantes que gestionaban cadenas de tres puntos de venta decidieron sacrificar dos de sus sucursales para intentar salvar la casa matriz ante la imposibilidad de afrontar los costos fijos y las tarifas.

·Cierre de comercios tradicionales: Negocios familiares con más de cuatro décadas de trayectoria en el rubro textil debieron abandonar de forma definitiva la actividad. En muchos casos, los propietarios optan por reconvertirse y alquilar sus locales a firmas de otros rubros menos golpeados por la crisis.

El repliegue del cordón fabril del Conurbano

La crisis comercial tiene su correlato directo en las plantas de confección y ensamble del conurbano bonaerense, donde el incremento de los costos logísticos y operativos, sumado a la falta de pedidos de reposición, tornó inviable el sostenimiento de las estructuras.

En distritos clave para la manufactura de cuero y calzado, tales como Lanús y Lomas de Zamora, una gran cantidad de pequeños talleres industriales cesaron su producción de manera definitiva, derivando en el alquiler de sus galpones y naves fabriles para ser utilizados como depósitos o centros de acopio de terceras firmas.

El impacto en las pymes: El propio titular de Kioshi expuso el violento proceso de reestructuración forzada que debió implementar en su marca para evitar la quiebra. La firma textil llegó a consolidar una plantilla fija de 120 trabajadores bajo relación de dependencia, una nómina que el contexto actual redujo a apenas 15 operarios, reflejando la pérdida de puestos calificados en el sector.

Los referentes de la industria advierten que el ciclo contractivo del mercado interno aún no muestra indicios de haber encontrado un piso de estabilidad, registrándose mes a mes un agravamiento en las condiciones de sostenibilidad para los fabricantes que resisten en la actividad.