Crianceros e integrantes de la comunidad mapuche Cayupán reclamaron una respuesta urgente del Gobierno de Neuquén ante el conflicto territorial que afecta a 19 familias productoras en los lotes 90 y 110 de Chachil. La denuncia se hizo pública durante una conferencia de prensa realizada este jueves en el paraje Las Cortaderas.

Según detallaron los voceros de la Lof Cayupán, el conflicto golpea a dos sectores específicos: por un lado, siete familias quedaron completamente sin acceso a sus veranadas en el Lote 90 durante el último verano; por el otro, doce familias esperan el reconocimiento oficial de las tierras que ocupan en el Lote 110, un sector conocido como Espinazo del Zorro. Ambas problemáticas fueron presentadas mediante vías administrativas formales ante el gobernador Rolando

Figueroa, pero la comunidad aseguró que hasta el momento no han obtenido ninguna contestación.

Norma Lincopán, productora afectada, relató la sorpresa al encontrarse con las nuevas delimitaciones a mitad de camino. En el caso del Lote 90, el Estado reconoció a una particular, Susana Rambeaud, como titular de las tierras, lo que le permitió cercar el territorio. Gustavo Silva, Inán Lonco de la comunidad, enfatizó que "esas tierras nunca dejaron de ser fiscales" y que "siempre fueron ocupadas por integrantes de la comunidad". En tanto, en el Lote 110, otras 12 familias exigen con urgencia el reconocimiento dominial de las tierras que habitan y producen.

Un impacto directo sobre la producción y el sustento familiar

Los representantes de la comunidad explicaron que han priorizado la vía del diálogo y los canales institucionales para intentar resolver el diferendo. Sin embargo, la falta de avances y la imposibilidad de llevar el ganado a los campos altos durante la temporada estival ya generaron perjuicios palpables en el estado de los animales y en la economía de los pequeños productores.

El criancero Horacio Mena aportó un testimonio elocuente sobre las dificultades cotidianas que enfrentan las familias rurales: "Vivimos de lo que producimos día a día. Tenemos hijos y nietos detrás nuestro que comen de lo que producimos". El productor remarcó el desequilibrio en el reparto del suelo al señalar que "hay tanta tierra para poca gente y poca tierra para mucha gente". Además, relató que tras habérseles impedido el ingreso a las veranadas, varios crianceros tuvieron que permanecer con su ganado a la vera de los caminos o buscar campos prestados, sufriendo pérdidas económicas y amenazas de denuncia en el proceso.

Reclamar lo ancestral

Por su parte, el ex-lonko de la comunidad, Rubén Chauqueta, aclaró que la Lof Cayupán no está exigiendo nuevas parcelas, sino la regularización legal de territorios que consideran ancestrales y donde existen antecedentes de ocupación por parte de sucesivas generaciones. En su intervención, recalcó que estos sectores constituyen la base de la historia, la cultura y el sistema productivo de la comunidad, por lo que urgió al Ejecutivo provincial a destrabar los expedientes administrativos pendientes.

Las veranadas —los campos de altura donde los animales se alimentan de mejores pasturas y agua durante los meses templados antes de retornar a las invernadas— son un eslabón fundamental para la subsistencia de la ganadería trashumante en la región. La pérdida de acceso a estas zonas no solo compromete el ciclo productivo, sino que pone en jaque la continuidad de una actividad que es el único sustento de numerosas familias en el interior neuquino.

Juan Carlos Luna, quien realiza la veranada desde 1962, describió el crítico estado de su majada: "Mis animales están flacos, los chivos están flacos". Esta situación imposibilita la venta, la mejora genética y la esquila, interrumpiendo el ingreso económico de las familias. El productor Horacio Mena lamentó la pérdida de tres vacunos y señaló que "las chivas están malpariendo por estar en mala condición corporal", un diagnóstico que Lincopán reforzó al confirmar que los animales han comenzado a abortar debido a la falta de pasturas y las fuertes heladas.