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La matriz alimentaria de la Argentina experimenta un quiebre sin precedentes. Durante los primeros meses de 2026, el consumo de carne aviar superó oficialmente al de origen bovino, una tendencia acelerada por la pérdida del poder adquisitivo y la marcada brecha de precios entre ambos productos. En paralelo, el sector porcino consolida su expansión y gana cada vez más terreno en el menú diario.

Los registros sectoriales exponen con claridad esta transición. Mientras que el balance de 2025 cerró con una ingesta total de carnes de 116,4 kilos por habitante —liderada todavía por la opción vacuna con casi 50 kilos—, las proyecciones actuales ubican al pollo en torno a los 50 kilos anuales por persona, dejando atrás a la res. Datos de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes (CICCRA) detallan que el promedio móvil de los últimos 12 meses (medido hasta mayo) colocó el consumo de cortes vacunos en 47,5 kilos per cápita, lo que representa una contracción interanual cercana al 12% y uno de los pisos más bajos de los que se tenga registro.

El factor económico y la brecha en las góndolas

Desde la Cámara de Frigoríficos de Santa Fe (Cafrisa), Sergio Rodríguez explicó que la devaluación de los salarios empuja a los hogares hacia alternativas más viables para el presupuesto familiar. Paralelamente, el valor de la hacienda vacuna se mantiene firme debido al flujo exportador y la necesidad de sostener la rentabilidad de los criadores para evitar la pérdida de stock ganadero.

Los relevamientos de precios del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) exponen la distancia real en los mostradores: en mayo, mientras el kilo de asado promedió los $18.154 y el lomo rozó los $28.633, el pollo fresco se comercializó a $5.048 y el pechito de cerdo a $9.151. Esta diferencia se alinea con las subas interanuales registradas en ese período, donde los cortes bovinos aumentaron un 57,9%, frente al 38,9% del sector aviar y el 23,6% del porcino.

Nuevos hábitos y evolución de la industria

A pesar de la caída del volumen, los especialistas aclaran que la Argentina se mantiene en la cima global de consumo de carne roja junto a Uruguay. Sin embargo, los hábitos cambiaron: hoy se prioriza menor cantidad pero mayor calidad. El Monitor de Consumo del IPCVA revela que, si bien el 66% de la población se reconoce como carnívora estricta, un notable 26% ya se posiciona como "flexitariano" (buscando reducir la ingesta de proteína animal), mientras que los vegetarianos y veganos completan el 8% restante.

Esta reconfiguración del mercado es el resultado de un salto cualitativo en las cadenas productivas alternativas:

·El fenómeno aviar: De los escasos 20 kilos por persona a fines de los años 90, el sector saltó a los 50 kilos actuales gracias a mejoras genéticas, sanidad y una fuerte diversificación de la oferta, que pasó del pollo entero a opciones trozadas y listas para cocinar. La faena en 2025 alcanzó el récord de 750 millones de cabezas.

·El despegue porcino: La cadena del cerdo logró derribar viejos mitos sobre su perfil nutricional mediante campañas médicas y la introducción de cortes idénticos a los vacunos (como la nalga o el cuadril). Esto permitió elevar el consumo de los 4 kilos habituales a principios de siglo a los casi 25 kilos actuales, con proyecciones de alcanzar los 35 kilos a mediano plazo.

Por fuera de estas tres grandes opciones, alternativas como el pescado, la carne ovina o la producción emergente de búfalo todavía conservan una participación minoritaria y de nicho en el mercado local.