El fútbol argentino está de luto. Antonio Ubaldo Rattín, uno de los máximos ídolos de la historia de Boca Juniors, falleció este sábado a los 89 años. Nacido el 16 de mayo de 1937 en Tigre, provincia de Buenos Aires, el "Rata" dejó una huella imborrable tanto en el club de la Ribera como en la Selección argentina, las únicas dos camisetas que defendió con orgullo a lo largo de toda su carrera profesional.
Su debut en la Primera del xeneize se produjo en un escenario de película: el domingo 9 de septiembre de 1956, en una Bombonera repleta y nada menos que ante River Plate. En aquella jornada, el director técnico Mario Francisco Fortunato apostó por tres juveniles para el superclásico, y el joven volante central de apenas 19 años se adueñó del puesto desde el primer minuto.
Aquel partido histórico terminó con victoria para Boca por 2 a 1, con goles de Eduardo Raúl Senés y Osvaldo Juan Zubeldía, mientras que Santiago Julio Vernazza descontó para el conjunto millonario. La sólida actuación de Rattín en el mediocampo no solo deslumbró a los hinchas, sino que lo consolidó como titular indiscutido durante las 13 fechas restantes del torneo, compartiendo cancha con glorias como Natalio Agustín Pescia, de quien heredó la garra y el liderazgo.
Rattín se transformó con el tiempo en el gran capitán y en el emblema de la entrega y la lealtad xeneize. Su fuerte temperamento y su presencia imponente en la mitad de la cancha marcaron una era dorada para la institución. "Jugué con dos camisetas solamente en toda mi vida, la de Boca y la de Argentina", solía recordar con orgullo en sus últimos años, sintetizando una trayectoria intachable que lo convirtió en una figura respetada por todo el arco futbolístico.
El día que la rebeldía de Rattín retorció la Bandera Inglesa, cambió la historia del fútbol y dio origen a las tarjetas
La reciente partida de Antonio Ubaldo Rattín invita a recordar uno de los episodios más icónicos y trascendentales de la historia de los Mundiales. Ocurrió en los cuartos de final de la Copa del Mundo de 1966 en Inglaterra, cuando la Selección argentina se enfrentó al combinado local en el emblemático Estadio de Wembley ante 90 mil espectadores. Aquella tarde, el "Rata" protagonizó un hecho que transformaría el arbitraje para siempre.
El partido se desarrollaba bajo un clima de extrema tensión. Rattín, capitán del equipo dirigido por Juan Carlos "Toto" Lorenzo, consideraba que el árbitro alemán Rudolf Kreitlein inclinaba la cancha cobrando todo a favor de los locales. "Hasta inventaba manos", recordaría años después el ídolo de Boca Juniors. Decidido a pedir explicaciones, el mediocampista intentó dialogar con la autoridad y llegó a exigir un intérprete, ya que él no hablaba alemán ni inglés, y el juez no entendía una sola palabra de castellano.
Ante la insistencia y los reclamos que consideró excesivos, Kreitlein decidió expulsar al capitán argentino. Sin embargo, como en esa época aún no existían las tarjetas amarilla y roja, el colegiado tuvo que comunicarlo mediante gestos y señas. Furioso por la injusticia, Rattín se negó a abandonar el campo de juego y permaneció allí durante diez minutos, profundizando la polémica en un partido sumamente desprolijo.
Cuando finalmente aceptó retirarse, el "Rata" dejó una imagen para la posteridad: al pasar junto al banderín del córner, tomó la bandera británica, la retorció con fuerza y la soltó en señal de desprecio, desatando la furia del público local.
El escándalo de Wembley y los graves problemas de comunicación idiomática encendieron las alarmas en la FIFA. Su presidente de entonces, el inglés Sir Stanley Rous, encomendó la tarea de buscar una solución universal para las sanciones disciplinarias, que pudiera ser comprendida por jugadores, técnicos y espectadores de cualquier nacionalidad sin necesidad de gestos ambiguos.
La solución llegó de la mano del exárbitro inglés Ken Aston, miembro de la comisión de árbitros del organismo. La inspiración, según relató el propio Aston, nació mientras conducía por la calle Kensington High de Londres y se detuvo ante un semáforo: el color amarillo para indicar precaución y el rojo para ordenar la detención absoluta.
Cuatro años más tarde, en el Mundial de México 1970, el sistema de tarjetas amarillas y rojas se implementó de manera oficial por primera vez en la historia del fútbol, transformando para siempre las reglas del juego gracias a la histórica rebeldía del gran capitán xeneize.
