Por: Juan Carlos "Bocha" Benedetti y Néstor Sandoval

El CAPH nació del club “Los Andes” que se dividió en el club Social y el Plaza Huincul mostrando el “mapa social” de la época: ‘Los de abajo’, trabajadores que vivían en Central y ‘Los de arriba’, del barrio Uno.

Alfredo Paganini, Osvaldo Cid y Juan Carlos Graciano fueron jugadores de los tiempos gloriosos del básquet del club Plaza Huincul. Pero además fueron precursores y hacedores de una de las instituciones más importantes de la ciudad y una de las más vieja de la provincia.

Así, conocieron los comienzos de la institución, cuando la cancha de básquet todavía estaba instalada en los alrededores del actual lavadero “Espumita”, y luego integraron los equipos.

Graciano recordó que “además de básquet había atletismo, ping-pong, bochas y tenis”, y comienzan a surgir las anécdotas.

“La cancha de tenis surgió porque Ginés Sánchez le pegó una trompada en un partido de básquet, en el Uno, a un tal Radiola. Entonces, el Administrador dijo que si Plaza no construía una cancha de tenis le suspendía el club. Y las construyeron, hubo dos, donde está ahora el proyecto de la pileta”, rememoró Cid.

“La cancha de fútbol empezó con don Prospiti y don Edwin Mayer, el padre de Jorge, colocando un arbolito todos los días porque era todo campo. Eso es lo que está todo cubierto ahora de álamos. La gente pasaba y los tiraba, los pisaba, e íbamos nosotros y los poníamos de nuevo”, señaló Paganini.

“La cancha de básquet estaba frente al actual lavadero “Espumita” y en ese lugar se hacían las kermeses, los cumpleaños y me parece que el choripán se inventó acá”, tira Graciano y los 4 ríen al unísono. “Don Solana hacía los chorizos y los vendían en las kermeses. En la mesa de la ruleta estaban “Fincho” Anseloni y don Rubini. Ellos después se fueron todos y murieron en Buenos Aires”, aportó la memoria de los 3.

A mediados de los 50 el básquet también tuvo equipo femenino. Víctor Valdez, Miguelo Rodríguez, “Piraña” Mérida, Aurelio Pinedo fueron algunos de los atletas del club. También se practicaba ajedrez. “Y a las 6 de la tarde empezábamos con la música para el pueblo. En el club había un equipo de música de un disco y había que cambiarlo cada vez que terminaba. Después, en la nueva sede, se compró un Winco para pasar 12 discos y ahí sí había para un rato largo”, dijo Graciano, el improvisado musicalizador de entonces.

“Hay gente que no está nombrada en ningún lado y aportó mucho: Tomás Paganini, Pedro Paganini, Bernardo Mérida, Luciano Martínez, Darvesio…”

Motivos…

“Una vez cada tanto había reuniones donde iban todas las chicas y se bailaba.. ahí al lado del “Espumita” donde estuvo también el club de fotografías. Y bueno, a veces no había motivo y entonces decíamos ‘bueno ¿quién cumple años?.. y.. aquél. Pero ese cumplió el mes pasado.. igual….’ (risas) Era para juntarse y el lugar era el club. Siempre había que tener un motivo porque antes los padres para dejar salir las chicas de noche tenían que tener un motivo y el mejor era un cumpleaños…”.

Nace Plaza Huincul

“El club lo fundó una comisión de gente debajo de los caños de la playa de almacenes. Había un club que se llamaba ‘Los Andes’ y en esa época existía mucha discriminación. Estaban ‘Los de abajo’, de Central y ‘Los de arriba’, del Uno. Y se hacían muchas diferencias. En todo aspecto: en el trabajo, en las proveedurías, en todo. Había empleados: que eran los que trabajaban en la parte administrativa y las oficinas. Y después estaban los que trabajan en los talleres, en la perforación, en las zanjas, que se los llamaban los obreros. Era tal la separación que había días que había asueto para los empleados y los obreros trabajaban. Así era”.

“Los Andes fue antes de los años ’20, después del descubrimiento cuando empezó a incrementarse y después se abren y se fundan el Club Plaza Huincul y el Club Social, en el Uno”.

(N de la R: en 2007, La Voz del Neuquén entrevistó a Alfredo Paganini, Osvaldo Cid y Juan Carlos Graciano. Algunos de ellos, ya partieron pero nos quedó el registro de su relato que hoy, con los nuevos medios tecnológicos se pueden escuchar. Su testimonio de aquel club y aquella ciudad no perdió vigencia ni riqueza).