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Los goles no se merecen; se hacen. El Pirata generó las situaciones más claras en la primera mitad, pero pagó caro un descuido defensivo que aprovechó Colidio para poner adelante al Millo. Rápidamente, Morales puso el empate  de cabeza en un estadio colmado por 50 mil almas.

Belgrano y River Plate animan una final de alto voltaje en el Estadio Mario Alberto Kempes, en un encuentro que hasta el momento muerde el empate 1-1 pero que tuvo al conjunto cordobés como el principal protagonista de las acciones más peligrosas. El marco es inmejorable, con un estadio dividido en partes iguales: 25 mil hinchas del Pirata y otros 25 mil del Millonario le dan un color ensordecedor a la definición.

Desde el arranque del partido, el equipo de barrio Alberdi se mostró más punzante y vertical, generando chances claras para ponerse en ventaja tempranamente y someter a la defensa de Núñez. Sin embargo, cuando el dominio celeste era más evidente, la efectividad de River pateó el tablero.
El error que abrió el marcador y la rápida reacción

A los 17 minutos de la primera etapa, una desatención en el fondo cordobés rompió el cero. Emiliano Rigoni perdió la marca dentro del área tras un envío letal, lo que le permitió a Galván bajar la pelota con precisión y asistir a Facundo Colidio, quien solo tuvo que empujarla al fondo de la red para decretar el 1-0 parcial a favor de los dirigidos por Martín Demichelis.

A pesar del golpe anímico que significaba ir abajo en el marcador de manera injusta por lo visto en el trámite del juego, Belgrano no acusó el impacto y continuó buscando con sus armas.

La justicia en el marcador no tardó en llegar. Tras un certero centro al área, el delantero Jeremías Morales ganó la posición por arriba y, con un cabezazo bárbaro que dejó sin respuestas al arquero millonario, estampó la merecida igualdad 1-1 con la que ambos equipos se irían al descanso.

Con los dos equipos buscando el arco de enfrente y una paridad absoluta en el juego aéreo y en las áreas, la final en Córdoba queda completamente abierta para un segundo tiempo que promete mantener los dientes apretados hasta el último minuto de juego.