El histórico establecimiento fabril de la localidad bonaerense cerró sus puertas tras medio siglo de producción continua. Los voceros sindicales irrumpieron entre lágrimas para denunciar el reemplazo del trabajo local por importaciones, advirtiendo que "esto no es un golpe solamente para el trabajador papelero, es un golpe para todo el pueblo".

La conmoción social y económica se apoderó por completo del municipio de Tornquist tras confirmarse el cese abrupto de operaciones en Papelera del Sur, perteneciente a la firma Interpac S.A. del grupo Zupan. La persiana que bajó la planta fabril derivó de inmediato en la desvinculación de 160 operarios, una cifra de un impacto inconmensurable para una comunidad de 7.500 residentes donde la fábrica constituía la principal fuente de trabajo formal.

En un contexto marcado por la angustia y las protestas frente a la sede gremial, el secretario general del sindicato papelero, Gustavo Lanaro, expuso la impotencia que embarga a las familias obreras ante la decisión corporativa de volcarse al mercado externo. “Nosotros cuando había que poner el hombro lo pusimos y ahora que estamos dispuestos a seguir haciéndolo, la fábrica decide importar”, reprochó el dirigente gremial en declaraciones radiales.

En el mismo sentido, Lanaro detalló con precisión las razones operativas planteadas por la patronal para fundamentar la clausura del sector primario. “Cierra la fábrica de papel, de cartulina. Ellos van a seguir imprimiendo”, remarcó, para luego evidenciar la disparidad del momento: “La impotencia y la bronca es que la fábrica, cuando empezamos a tener problemas, nos llamó enseguida para empezar a hablar de suspensiones porque los números no cerraban”.

El representante sindical dejó en claro que la garantía de cobro dada por la firma no resuelve la catástrofe social que se avecina sobre la localidad. “Nos dijeron que nos iban a pagar todo en el transcurso de este mes (…) Que te digan que te van a pagar todo no te deja tranquilo, porque el problema sigue siendo que te quedás sin trabajo... No se que concha vamos a hacer...”, exclamó con crudeza ante la asamblea espontánea de vecinos y operarios.

La dimensión del desenlace fue retratada entre lágrimas por el propio Lanaro al graficar el sentimiento colectivo frente a la pérdida del empleo y el desarraigo inevitable: “Estamos medio helados. Básicamente a Tornquist esto le va a hacer un desastre. Es toda gente que elige vivir acá, es la única fábrica grande y los sueldos nuestros también van a ser un golpe duro para el pueblo”.

En esa misma línea, el vocero sindical Mauro Herrada alzó la voz para visibilizar el daño colateral que sufrirá la economía regional: “Esto no es un golpe solamente para el trabajador papelero, es un golpe para todo el pueblo”. La advertencia fue respaldada públicamente por el exintendente Sergio Bordoni, quien cuestionó duramente la coyuntura nacional y el giro productivo de la empresa: “Pasó por todos los temporales habidos y por haber de la economía nacional, provincial, como quieran llamarla, y nunca cerró. ¿Con quién se cierra? Con el gobierno de Javier Milei”.

Por estas horas, tras la intervención de oficio del Ministerio de Trabajo de la Provincia de Buenos Aires conducido por Walter Correa y la realización de una audiencia de mediación entre las partes, se dictó un cuarto intermedio. Sin embargo, la cúpula directiva de la empresa ratificó que no revisará la medida, manteniendo inflexible su postura de clausurar la planta fabril.