
El principio de entendimiento contempla el fin de las hostilidades y la reapertura estratégica del estrecho de Ormuz. La firma oficial se realizará este viernes en Suiza, abriendo un plazo de 60 días para negociar el programa nuclear.
GINEBRA (Suiza).– Tras más de tres meses de un conflicto armado que hizo tambalear la estabilidad de Oriente Medio, los gobiernos de Estados Unidos e Irán han alcanzado un acuerdo preliminar para poner fin a las hostilidades. El pacto, cuya firma oficial está programada para este próximo viernes en Suiza, contempla en su primera etapa el cese inmediato de las operaciones militares directas y la reapertura del estratégico estrecho de Ormuz. Asimismo, establece una hoja de ruta de 60 días para iniciar negociaciones sobre los temas más complejos, incluyendo el programa nuclear iraní y el levantamiento de sanciones.
A pesar del alivio expresado por la comunidad internacional y la inmediata bajada de los precios del petróleo en los mercados financieros, el acuerdo nace rodeado de profundos interrogantes y tensiones satélite.
El factor israelí y la fragilidad en el terreno
La principal sombra sobre el éxito del proceso proviene de Tel Aviv. Aunque los negociadores enmarcan el pacto como el inicio de una desescalada regional que debería alcanzar al frente libanés, Israel ha dejado claro que no se considera vinculado a las condiciones pactadas entre Washington y Teherán. El gobierno del primer ministro Benjamin Netanyahu anunció que mantendrá a sus tropas en el sur de Líbano y que continuará con sus operaciones militares contra la organización chií Hizbulá.
Esta postura refleja la fractura en el enfoque de los aliados históricos: mientras la administración de Donald Trump prioriza una salida negociada que evite una guerra regional abierta y reduzca los costes estratégicos para EE.UU., Israel rechaza cualquier fórmula que no desmantele de forma duradera la proyección militar de Irán y sus aliados.
A esto se suma la volatilidad en el terreno. En los días previos al anuncio, ataques israelíes contra posiciones de Hizbulá en Beirut evidenciaron la fragilidad de la tregua, obligando a los mediadores a diseñar mecanismos de contingencia para evitar que cualquier violación puntual aborte el proceso de paz.
El regreso a la diplomacia tras una década de máxima presión
Este principio de acuerdo representa el movimiento diplomático más relevante en la región desde la ruptura en 2015 del Plan de Acción Conjunto Común (JCPOA), el pacto nuclear impulsado por Barack Obama. Aquel acuerdo fue sepultado durante el primer mandato de Donald Trump, lo que abrió una era de "máxima presión" y desconfianza mutua.
La presente crisis estalló el pasado 28 de febrero, cuando Estados Unidos, respaldado por la presión israelí, ejecutó ataques directos contra territorio iraní. En poco tiempo, el conflicto escaló involucrando a Hizbulá en Líbano, milicias proiraníes en Irak y los rebeldes hutíes en Yemen (quienes, junto a Irán, llegaron a golpear zonas como las afueras de Jericó).
Los Estados del Golfo, severamente afectados por la parálisis comercial.
Con el acuerdo actual, Washington busca una salida política a un conflicto de alto coste económico, mientras que Teherán busca desesperadamente una vía para discutir el desbloqueo de activos congelados y la reactivación de sus exportaciones energéticas.
Ormuz: Alivio inmediato para la economía global
Uno de los puntos con mayor impacto internacional es la reapertura del estrecho de Ormuz, un corredor marítimo vital por el que transita una quinta parte del petróleo mundial y gran parte del gas natural licuado (GNL) de los países del Golfo. Durante los tres meses de hostilidades, el bloqueo y la inseguridad dispararon las primas de seguros y los costes de transporte marítimo.
Si bien las grandes navieras y aseguradoras mantienen una postura de prudencia y evalúan el nivel real de seguridad antes de normalizar el tráfico, los mercados bursátiles ya han reaccionado al alza. Los principales beneficiarios de este desbloqueo serán las potencias exportadoras del Golfo y las economías asiáticas (con China a la cabeza), altamente dependientes de esta ruta de suministro.
El dato: potencias como China (principal comprador de crudo iraní) y Rusia (aliado estratégico de Teherán) observan de cerca el cumplimiento del pacto, obligadas a reajustar sus respectivas posiciones geopolíticas en la región según avance la estabilidad del Golfo.
Una mediación multilateral y un futuro incierto
El éxito de los borradores preliminares responde a una intensa actividad diplomática de terceros países. Pakistán desempeñó un rol crucial como canal discreto de comunicación entre las partes de un conflicto que no mantienen relaciones diplomáticas formales. Asimismo, Catar aportó su experiencia en mediación regional, apoyado en un plano secundario por Turquía y Arabia Saudí.
No obstante, los analistas coinciden en que la firma en Suiza no es el final de la crisis, sino el inicio de una fase de prueba extrema. Asuntos cruciales como los límites al enriquecimiento de uranio por parte de Irán, el calendario del fin de las sanciones y el desarme de las milicias regionales siguen pendientes.
Por último, el calendario político doméstico añade presión: Netanyahu se enfrenta a elecciones en Israel antes de que termine octubre, en medio de un clima social polarizado tras años de guerra en Gaza y Líbano. Cualquier percepción de debilidad frente a Teherán avivará las críticas internas, lo que aumenta los incentivos de Israel para actuar de manera independiente a los dictámenes de la Casa Blanca.
