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La decisión estratégica de Volkswagen de encarar una profunda reconversión en su planta de General Pacheco para dar paso a la nueva generación de la pick-up Amarok desató un verdadero terremoto económico y social en la cadena de valor autopartista de la Argentina.

La terminal automotriz alemana optó por desplazar a una gran mayoría de los proveedores locales que históricamente fabricaban componentes para el modelo, sustituyéndolos por piezas importadas de menor costo, con un fuerte peso de orígenes asiáticos, principalmente de China. Aunque el anuncio preliminar de este rediseño productivo se había dado a conocer con anterioridad, el impacto real comenzó a materializarse con crudeza en el entramado industrial, transformando proyectos de largo plazo en cierres definitivos, quiebras técnicas y suspensiones masivas que golpean al Conurbano bonaerense y a los principales cordones industriales del país.

Tres gigantes con plantas al borde del abismo y despidos masivos

El golpe más severo recae sobre aquellas compañías que operaban prácticamente en régimen de exclusividad para la plataforma anterior de la pick-up, habiendo instalado plantas y maquinaria pesada exclusivamente para cumplir con las exigencias técnicas de Volkswagen. - Kromberg & Schubert: El gigante multinacional de origen alemán, especializado en el desarrollo de sistemas eléctricos complejos y mazos de cables para automóviles, representa el caso más dramático. Instalada en el país en septiembre de 2009 con el único objetivo de abastecer a la Amarok, la firma confirmó el cierre definitivo de sus operaciones para fin de año, una medida que dejará en la calle a más de 200 operarios tras dieciséis años de trayectoria ininterrumpida en el mercado local. - Irauto (Grupo Antolin): La filial de la corporación española dedicada a la fabricación de techos interiores, cuya planta se encuentra radicada en Benavídez, también adoptó la decisión indeclinable de retirarse del mercado argentino. Con este cese, 80 trabajadores pierden su fuente genuina de ingresos.

Si bien existían tratativas preliminares para transferir las líneas de producción a otra firma proveedora de la terminal (Trefelt), el traspaso carece aún de confirmación oficial y formalización jurídica. - Pelzer System (Grupo Adler Pelzer): Radicada en el Parque Industrial de Pilar desde 2009 para proveer alfombras técnicas e insumos de insonorización, la empresa se encuentra al borde de la quiebra técnica. Tras haber contado con un plantel inicial de un centenar de empleados, hoy sobrevive con una dotación mínima de 13 trabajadores que intentan desesperadamente captar nuevos clientes para evitar la clausura total, luego de semanas de fuertes conflictos gremiales y paradas técnicas de producción al conocerse su exclusión del nuevo proyecto.

Una reducción drástica: de 60 proveedores locales a apenas 16 sobrevivientes

El impacto sobre el ecosistema de fabricantes locales de autopartes adquiere dimensiones críticas al analizar los datos globales brindados por la propia cadena productiva. De los aproximadamente 60 proveedores nacionales que llegaron a integrar el esquema de aprovisionamiento de la primera generación de la Amarok, solo 16 lograron conservar algún tipo de vinculación comercial en la nueva etapa, y en muchos casos con volúmenes sumamente reducidos. Empresas de trayectoria histórica como Caimari, fundada en 1956 y especializada en textiles técnicos y aislantes, e industrias plásticas como Albano Cozzuol sufrieron fuertes recortes en su facturación, perdiendo contratos centrales a pesar de haber mantenido algunas piezas puntuales en el rediseño del vehículo. Esta contracción se inscribe en un diagnóstico alarmante difundido por la Asociación de Fábricas de Autocomponentes (AFAC), el cual advierte que desde abril de 2009 a la fecha se acumulan 63 empresas del sector que debieron cerrar sus puertas o cancelar proyectos de inversión relevantes en el territorio nacional.

Un contexto recesivo generalizado y el dilema estructural de la industria

La crisis desatada en torno a la Amarok no constituye un hecho aislado, sino que se concatena con otros repliegues industriales recientes, como el cierre de la planta de Adient Automotive Argentina en Pueblo Esther (Santa Fe), donde se producían las butacas para la Chevrolet Tracker de General Motors, dejando a 70 familias sin sustento y trasladando la importación de dichos asientos directamente desde Brasil. Los informes estadísticos del sector marcan que la crisis autopartista acumula miles de empleos destruidos en lo que va del año, proyectando un escenario sumamente complejo para el próximo período. Las terminales automotrices priorizan de manera sistemática esquemas de importación masiva de componentes, impulsados por la apertura comercial y la búsqueda de menores costos frente a autopartes asiáticas más baratas, colisionando de forma directa con un mercado interno deprimido que reduce la demanda de vehículos cero kilómetro.

 

De este modo, el caso de la pick-up de Volkswagen desnuda con crudeza el dilema de fondo que atraviesa la industria automotriz argentina: un modelo donde las terminales optimizan costos financieros tercerizando fuera de las fronteras nacionales la manufactura de piezas, mientras los proveedores locales, que invirtieron capitales y tecnología en el país bajo promesas de integración a largo plazo, quedan atrapados en estructuras obsoletas y sin mercado.