El testimonio de Meli (nombre de fantasía para resguardar su identidad) expone los riesgos de manipulación y extorsión detrás de las agencias que gestionan perfiles en plataformas de contenido para adultos.
Afectada por la acumulación de deudas tras mudarse sola en una ciudad patagónica y pagar el monto mínimo de la tarjeta de crédito con su salario de hemoterapeuta, la joven decidió abrir un perfil en OnlyFans buscando una salida económica. “Mis deudas comenzaron en 2025. Me mudé sola, me compré un lavarropas y otros gastos. Entonces empecé a pagar el mínimo de la tarjeta. Y se empezó a hacer deuda cada vez más grande por los intereses”, relató en diálogo con Infobae.
Al poco tiempo de abrir la cuenta, fue contactada por una intermediaria que la derivó a una firma extranjera bajo un contrato de prueba por seis meses. “Firmé casi sin leer, la verdad”, reconoció. La agencia asumió el control operativo del perfil, administraba la mensajería haciéndose pasar por ella y retenía el 70% de las ganancias, mientras las exigencias de contenido escalaban drásticamente de fotos en lencería a pedidos explícitos. La situación impactó de lleno en su salud mental: “Empezó a afectarme mucho. Lloraba sola porque nadie sabía lo que estaba haciendo. Como yo lo hacía sin ganas, casi por obligación, ellos empezaron a mandarme mensajes exigiendo mayor compromiso, mayor sensualidad y erotismo”.
Tras confiarle la situación a su hermana y decidir cerrar la cuenta tras haber recibido apenas 300 dólares, la agencia inició una campaña de acoso exigiéndole 3.500 dólares como "compensación". La joven recibió mensajes intimidatorios como: “Por favor, respetanos como siempre lo hicimos. No quiero que esto llegue demasiado lejos. Respondé tus correos” y “No me hagas enojar, puede que no sea bueno para ti”. Para afrontar sus deudas, debió mudarse a la casa de su madre y trabajar como conductora de aplicaciones por las noches. La incertidumbre sobre el destino de los doce videos grabados sigue siendo la secuela más compleja de su experiencia: “No crean todo lo que ven en las redes sobre lo maravilloso que es el mundo de OnlyFans. Es terrible cómo se expone el cuerpo y tu sexualidad. Hoy yo no sé dónde están los 12 videos que hice para esta empresa”.
El caso de Meli coincide con el testimonio público de la creadora de contenidos Dai Hernández, quien tras cinco años en la plataforma expuso dinámicas similares de presión, consumo de alcohol en transmisiones en vivo y manipulación por parte de agencias para cruzar límites personales. Ambas experiencias visibilizan cómo la precariedad económica actúa como puerta de entrada a esquemas de explotación digital que terminan vulnerando la integridad y la intimidad de las mujeres.
