
La crisis económica volvió a golpear con dureza al sector comercial y gastronómico del país. La tradicional cadena de panaderías Pandanés paralizó por completo sus operaciones y cerró de forma imprevista sus 25 sucursales distribuidas en el territorio, dejando a unos 150 trabajadores sin fuente laboral de la noche a la mañana.
La medida se concretó tras un prolongado proceso de deterioro financiero que arrastraba la firma, la cual había solicitado su concurso preventivo a finales del año pasado acumulando un pasivo superior a los 1.200 millones de pesos. El colapso de la empresa se conoció en la madrugada del viernes, cuando los empleados recibieron un mensaje masivo a través de la aplicación WhatsApp que les notificaba la imposibilidad de continuar con las actividades.
«La situación llegó a un punto en el que la empresa se quedó sin los fondos necesarios para continuar funcionando y para afrontar las obligaciones que tiene por delante. Nuestra intención siempre fue mantener Pandanés y preservar las fuentes de trabajo. Hasta último momento seguimos buscando una salida, pero lamentablemente no encontramos una solución viable», rezaba el texto recibido por el plantel a las 3:56 horas, en el cual se les indicaba tajantemente que no debieran presentarse a sus puestos.
Desesperación de los empleados, falta de indemnizaciones y el desplome del consumo en el sector
Al concurrir a los locales para intentar destrabar la situación, los trabajadores se encontraron con las puertas clausuradas mediante candados y cerraduras modificadas, sin la posibilidad de recuperar siquiera sus pertenencias personales o elementos de trabajo.
Empleados afectados de distintas sucursales denunciaron que la única vía de comunicación fue digital y anónima, sin recibir cartas documento ni respuestas formales sobre el pago de indemnizaciones, aportes previsionales y cargas sociales adeudadas, pese a que los haberes de septiembre y el aguinaldo habían sido depositados pocos días antes. En su presentación judicial original, la firma fundada en 2016 había atribuido su debacle financiera a la combinación de recesión, inflación y una caída persistente en el volumen de ventas que superaba el 50%.
La situación refleja el crítico momento que atraviesa la industria panadera artesanal a nivel nacional; desde la Cámara de Industriales Panaderos (CIPAN) advirtieron que el consumo de pan tradicional se redujo hasta un 60% y la demanda de pastelería se desplomó un 80%, evidenciando que los comercios del rubro ya no logran sostener sus estructuras ante la retracción generalizada del poder adquisitivo.
