
El observatorio Swift concluyó una histórica misión de más de dos décadas tras perder altitud por el impacto de la actividad solar. La agencia estadounidense prevé su caída en las próximas semanas, mientras evalúan qué fragmentos podrían sobrevivir a la atmósfera.
Tras permanecer casi 22 años operativo en el espacio, el observatorio astronómico Swift de la NASA finalizó formalmente sus actividades y se encamina hacia un reingreso no controlado a la atmósfera terrestre. Aunque la agencia espacial norteamericana calcula que el evento se producirá en el transcurso de las próximas semanas —probablemente durante el mes de noviembre—, aún no existe un cronograma exacto ni una localización geográfica confirmada para la caída de sus componentes.
Frente a versiones periodísticas divergentes que situaron a la Argentina como un eventual punto de impacto para los restos que resistan la fricción atmosférica, los datos científicos disponibles mantienen el panorama bajo análisis y sin confirmación oficial para el territorio nacional.
Incertidumbre sobre la zona de impacto y la franja orbital
La estructura del satélite navega en una órbita baja con una inclinación aproximada de 20,5 grados con respecto al ecuador terrestre, parámetro que delimita la franja global por la que transita el instrumental.
Mientras que reportes difundidos en el mes de agosto indicaban que la traza orbital dejaba al margen a la Argentina continental, informes más recientes incorporaron al país dentro de las áreas potenciales de dispersión de fragmentos. Por el momento, la NASA no emitió un comunicado categórico que ratifique que la chatarra espacial alcanzará la superficie argentina.
De todas formas, los especialistas estiman que la mayor parte del equipamiento se incinerará por la fricción al tomar contacto con la atmósfera superior, siendo mínimo el margen de riesgo para la población en caso de que alguna pieza logre impactar en suelo firme o en el océano.
Fin de una travesía de casi 22 años
El desenlace de la nave espacial se vio acelerado por el incremento de la actividad solar, cuyo viento y radiación aumentaron la densidad de las capas altas de la atmósfera, generando un frenado progresivo en el vehículo. Hacia la tercera semana de octubre, situado a solo 275 kilómetros de altitud, el observatorio perdió la capacidad de sostener su posición y entró automáticamente en modo de resguardo.
Ante la imposibilidad de ejecutar una maniobra de elevación orbital —proyecto que había sido cancelado definitivamente a mediados de año—, el centro de control emitió la secuencia final de comandos para desactivar los sistemas y dejar la nave a la deriva para su destrucción natural.
Lanzado al espacio en noviembre de 2004, el telescopio Swift se transformó en un pilar de la astrofísica moderna gracias a sus observaciones de destellos de rayos gamma, eventos cataclísmicos, agujeros negros y colapsos estelares en los rincones más profundos del cosmos.
