Un hombre que se desempeñaba en un yacimiento petrolero vio como un compañero murió luego de que le cayera una válvula en la cabeza. Años después comenzó a sufrir síntomas como angustia intensa y pesadillas vinculadas con el accidente. Pese a que la ART rechazó el diagnóstico, un juez ordenó que debe indemnizar y la Cámara de Apelaciones 2 ratificó la decisión.
El trabajador presenció el accidente, colaboró con la asistencia y permaneció en el lugar hasta el fallecimiento de su compañero (Foto generada con IA).
Una aseguradora de riesgos de trabajo deberá indemnizar a un trabajador petrolero que presenció el accidente y posterior muerte de un compañero en un yacimiento. Así lo ordenó un fallo de primera instancia y lo ratificó la Cámara de Apelaciones 2, luego de que la ART rechazase el reclamo esgrimiendo que la patología psicológica que sufría el empleado no estaba relacionada con el suceso que experimentó.
En septiembre de 2018, mientras se desempeñaba como supervisor de herramientas, una válvula de aproximadamente 35 kilos cayó desde una altura de 15 metros e impactó sobre otro operario, quien murió pocos minutos después. El trabajador presenció el hecho, colaboró con la asistencia y permaneció en el lugar hasta el fallecimiento de su compañero.
Después del episodio recibió una licencia de 15 días y luego regresó a trabajar. Según relató en la demanda, con el tiempo comenzó a sentir temor frente a los riesgos de su actividad y angustia al recordar lo sucedido. Años más tarde sufrió ataques de pánico y comenzó tratamientos psicológico y psiquiátrico.
La respuesta de la ART
La aseguradora rechazó los argumentos expuestos en la pericia psiquiátrica y luego indicó que “la patología mencionada no tiene grado de vinculación alguno con la actividad laboral realizada”. Por otra parte, cuestionó el tiempo transcurrido entre el accidente, ocurrido en 2018, y la primera manifestación invalidante, fijada en abril de 2023.
Sin embargo, la pericia diagnosticó trastorno de estrés postraumático y describió síntomas como angustia intensa, dificultades para dormir, pesadillas vinculadas con el accidente, miedo constante en el trabajo, irritabilidad y reacciones disociativas. También descartó cualquier tipo de simulación.
En primera instancia, se consideró acreditado que el trabajador había sido testigo directo del accidente fatal y que posteriormente había recibido asistencia psicológica y psiquiátrica. Asimismo, el juez Eduardo Richter indicó que el tiempo transcurrido hasta la denuncia de la enfermedad no alcanzaba para romper la relación entre aquel episodio y las secuelas comprobadas.
La Cámara confirmó la relación entre el accidente y la incapacidad
Nancy Vielma y Juan Manuel Menestrina, integrantes de la Sala B de la Cámara de Apelaciones 2, afirmaron que las pericias permitieron reconstruir una evolución de los síntomas desde el episodio traumático y establecer su vinculación con lo ocurrido en el yacimiento.
Destacaron que el trabajador comenzó a sentir angustia y miedo después del accidente, presentó una mejoría cuando se suspendieron las actividades durante la pandemia y volvió a experimentar inseguridad, insomnio y cambios de carácter cuando retomó el trabajo. También valoró que el diagnóstico psiquiátrico se apoyó en una entrevista extensa y en diferentes pruebas específicas para estrés postraumático y depresión.
