Hay heridas que el tiempo no borra. El 27 de septiembre se cumplieron cinco años de la muerte de Adriana Llanquitur, una joven que ingresó a una cirugía de vesícula con la esperanza de regresar a su hogar y nunca volvió.
Su historia conmovió a toda nuestra comunidad y aún nos recuerda la importancia de exigir una atención médica segura, responsable y humana. Detrás de cada caso hay una familia que enfrenta el dolor, la ausencia y la necesidad de que la verdad y la justicia no sean olvidadas.
Hoy no escribimos desde el rencor, sino desde la memoria. Recordar a Adriana es honrar su nombre, acompañar a quienes la aman y sostener la esperanza de que ninguna otra familia atraviese una pérdida semejante.
Por eso, hacemos un llamado a las autoridades sanitarias y a las instituciones de salud para que garanticen una atención segura, transparente y respetuosa. También les pedimos fortalecer los controles y asumir plenamente sus responsabilidades. Reclamamos, además, el esclarecimiento de los hechos, la escucha a la familia y el avance de la verdad y la justicia. Así, la memoria de Adriana podrá contribuir a prevenir nuevas tragedias y proteger la vida de cada paciente.
Porque mientras la recordemos, Adriana seguirá presente en nuestros corazones.
