Puede ser una imagen de una o varias personas y gafas
El reconocido conductor y locutor Oscar "Negro" González Oro falleció este viernes a los 74 años en la ciudad uruguaya de , dejando una huella imborrable y un legado profundo en la cultura y los medios de comunicación del país. Con una trayectoria que se extendió por casi cuatro décadas de liderazgo indiscutido en la radio y la televisión, su partida conmovió profundamente al ámbito artístico, periodístico y a millones de oyentes que lo acompañaron durante décadas. Su historia con los medios estuvo signada por momentos fundacionales que él mismo gustaba recordar.

Entre ellos, aquella mítica noche de principios de la década del noventa en los estudios de Radio Del Plata, cuando una oyente insistió en salir al aire para decirle: "Negrito, quiero hablar con vos". Del otro lado de la línea estaba nada menos que Tita Merello, quien le regaló un vaticinio clave: "No me interrumpas. Quiero decirte que tenés una luz especial y una voz divina. Aprovechala". Aquel consejo, proveniente de una leyenda y con el condimento afectivo de compartir nombre con su propia madre, marcó a fuego su vocación.

De los sueños musicales en Mendoza al desarraigo porteño

Oscar González Oro había nacido en Mendoza el 16 de octubre de 1951, siendo hijo de Ricardo y Tita, y hermano de Pedro, Ricardo y Armando. Su infancia estuvo atravesada por el cariño de su abuela María Luisa, de quien debió despedirse cuando su familia tomó la decisión de abandonar Cuyo para instalarse en una pensión del centro porteño en busca de nuevos horizontes comerciales.

El joven Oscar, que había cursado sus estudios primarios en el colegio católico San Luis Gonzaga en su provincia natal, debió adaptarse a la vorágine de la Ciudad de Buenos Aires en el colegio secundario Mariano Moreno. Con una Guía Filcar en la mano, recorrió minuciosamente cada barrio porteño para amigarse con la gran urbe, aunque siempre guardó un rincón predilecto: las escalinatas del Banco Nación en Plaza de Mayo, donde se sentaba horas enteras a escuchar las retretas de las bandas militares.

En sus años mozos, su gran debilidad era la música. Soñaba con ser cantante o consagrarse como concertista de piano —instrumento que ejecutaba desde su infancia—, aspirando a que sus melodías sonaran masivamente. Aunque el rumbo del destino cambió los escenarios por los estudios de grabación, durante sus clásicos retornos estivales a Mendoza para visitar a su abuela María Luisa, recibió su primera gran oportunidad al ser invitado a musicalizar y animar un espacio en Radio de Cuyo, dando sus primeros pasos en un medio que terminaría adoptándolo como uno de sus máximos referentes.

El fenómeno masivo y la consagración en la primera mañana

Tras transitar efímeramente por las carreras de Abogacía y Psicología mientras colaboraba con los emprendimientos familiares, el "Negro" consolidó su estilo único. Hacia el cambio de milenio, su voz se convirtió en la compañía ineludible de cerca de un millón y medio de argentinos que cada mañana sintonizaban sus ciclos furor de audiencia, convirtiendo a emisoras como Radio 10 en verdaderos tanques de la amplitud modulada (AM). Al frente de programas icónicos como "El oro y el moro", González Oro instauró una fórmula imbatible que combinaba la rigurosidad informativa de la coyuntura política y social con una premisa humana inquebracable: "Es alegría lo que buscamos volcarle a la gente y sobre todo hacerla sentir acompañada". Con su partida, la radiofonía nacional despide a un prócer moderno de los micrófonos, un artífice de la compañía cotidiana que supo ganarse el corazón de todo un país.